Argentina antes del peronismo
La Argentina liberal.
Traducción de parte de este enlace de wikipedia en inglés (Rise of a modern nation). Los subrayados y resaltados son míos. También incluyo algunas otras citas de wikipedia, tanto en inglés como en español.
Tras vencer a Urquiza en la Batalla de Pavón de 1861, Bartolomé Mitre consolidó el predominio de Buenos Aires y fue elegido primer presidente del país reunificado. Le sucedieron Domingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda; estos tres presidentes sentaron las bases del Estado argentino moderno.
A partir de Julio Argentino Roca en 1880, diez gobiernos federales consecutivos enfatizaron políticas económicas liberales. La masiva ola de inmigración europea que promovieron —superada solo por la de Estados Unidos— condujo a una casi reinvención de la sociedad y la economía argentinas que, para 1908, había situado al país como la séptima nación desarrollada más rica del mundo. Impulsada por esta ola de inmigración y la disminución de la mortalidad, la población argentina se quintuplicó y la economía se multiplicó por 15: de 1870 a 1910, las exportaciones de trigo de Argentina pasaron de 100.000 a 2.500.000 toneladas por año, mientras que las exportaciones de carne congelada aumentaron de 25.000 a 365.000 t por año, colocando a Argentina como uno de los cinco principales exportadores del mundo. Su kilometraje ferroviario aumentó de 503 a 31.104 km. Impulsada por un nuevo sistema educativo público, obligatorio, gratuito y laico, la alfabetización aumentó rápidamente del 22% al 65%, un nivel superior al que la mayoría de las naciones latinoamericanas alcanzarían incluso cincuenta años después. Además, el PIB real creció tan rápido que, a pesar de la enorme afluencia inmigratoria, el ingreso per cápita entre 1862 y 1920 pasó del 67% de los niveles de los países desarrollados al 100%: En 1865, Argentina ya era una de las 25 naciones con mayor ingreso per cápita. Para 1908, había superado a Dinamarca, Canadá y los Países Bajos para alcanzar el séptimo lugar, detrás de Suiza, Nueva Zelanda, Australia, Estados Unidos, el Reino Unido y Bélgica. El ingreso per cápita de Argentina era un 70% superior al de Italia, un 90% superior al de España, un 180% superior al de Japón y un 400% superior al de Brasil. A pesar de estos logros únicos, el país tardó en alcanzar sus objetivos originales de industrialización: después del pronunciado desarrollo de las industrias locales con uso intensivo de capital en la década de 1920, una parte significativa del sector manufacturero siguió siendo intensivo en mano de obra en la década de 1930.
Entre 1878 y 1884, se produjo la llamada Conquista del Desierto, con el objetivo de triplicar el territorio argentino mediante los constantes enfrentamientos entre indígenas y criollos en la frontera, y la apropiación de los territorios indígenas. La primera conquista consistió en una serie de incursiones militares en los territorios pampeanos y patagónicos dominados por los pueblos indígenas, distribuyéndolos entre los miembros de la Sociedad Rural Argentina, financiadores de las expediciones. La conquista del Chaco se prolongó hasta finales del siglo, ya que su plena propiedad del sistema económico nacional solo se produjo cuando la mera extracción de madera y tanino fue sustituida por la producción de algodón. El gobierno argentino consideraba a los indígenas como seres inferiores, sin los mismos derechos que los criollos y los europeos.
En 1912, el presidente Roque Sáenz Peña promulgó el sufragio universal y secreto masculino, lo que permitió a Hipólito Yrigoyen, líder de la Unión Cívica Radical (UCR), ganar las elecciones de 1916. Promulgó reformas sociales y económicas y extendió la asistencia a las pequeñas explotaciones agrícolas y comerciales. Argentina se mantuvo neutral durante la Primera Guerra Mundial. El segundo gobierno de Yrigoyen enfrentó una crisis económica, precipitada por la Gran Depresión.
En 1930, Yrigoyen fue derrocado por los militares liderados por José Félix Uriburu. Si bien Argentina se mantuvo entre los quince países más ricos hasta mediados de siglo, este golpe de Estado marcó el inicio del constante declive económico y social que sumió al país en el subdesarrollo.
Uriburu gobernó durante dos años; posteriormente, Agustín Pedro Justo fue elegido en unas elecciones fraudulentas y firmó un controvertido tratado con el Reino Unido. Argentina se mantuvo neutral durante la Segunda Guerra Mundial, decisión que contó con el pleno apoyo británico, pero fue rechazada por Estados Unidos tras el ataque a Pearl Harbor. En 1943, un golpe de estado militar liderado por el general Arturo Rawson derrocó al gobierno constitucional de Ramón Castillo. Presionada por Estados Unidos, Argentina declaró posteriormente la guerra a las Potencias del Eje (el 27 de marzo de 1945, aproximadamente un mes antes del fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa).
Durante la dictadura de Rawson, un coronel militar relativamente desconocido llamado Juan Perón fue nombrado jefe del Departamento de Trabajo. Perón ascendió rápidamente en la política, siendo nombrado ministro de Defensa en 1944. Percibido como una amenaza política por sus rivales en el ejército y el bando conservador, se vio obligado a dimitir en 1945 y fue arrestado días después. Finalmente fue liberado debido a la creciente presión tanto de sus bases como de varios sindicatos aliados. Posteriormente, se convirtió en presidente tras una aplastante victoria sobre la UCR en las elecciones generales de 1946 como candidato laborista.
Bartolomé Mitre (1862 - 68).
Antes de empezar con este presidente, conviene ver aunque sea someramente, un aspecto muy importante de la historia argentina: donde establecer la capital. Es bien conocido que la capital de Argentina es Buenos Aires. Pero en aquellos años no era tan obvio cual debía ser la capital del país. De hecho se propusieron varias: la isla de Martín García, prouesta por Sarmiento, Córdoba, Belgrano. Paraná, Rosario y, por último, Viedma, que fue una propuesta del presidente Alfonsín en 1986.
En 1850 Domingo Faustino Sarmiento propuso fundar en la isla [de Martín García] la ciudad de Argirópolis como capital de un estado que reuniría a —por lo menos— la Argentina, el Uruguay y el Paraguay.
Y ahora si, vayamos con este presidente.
Bartolomé Mitre (26 de junio de 1821 - 19 de enero de 1906) fue un estadista, militar y escritor argentino. Fue presidente de Argentina entre 1862 y 1868 y el primer presidente de la Argentina unificada.
Mitre es conocido como un estadista, militar, político, periodista, historiador, escritor y poeta versátil. Fue una figura importante en la historia de Argentina durante la segunda mitad del siglo XIX.
Fue la figura que mejor caracterizó al liberalismo en Argentina, pero era un liberal moderado y flexible, no dogmático.
La guerra civil de 1859, tras la revuelta de Buenos Aires contra el sistema federal de Justo José de Urquiza, resultó en la derrota de Mitre a manos de Urquiza en la Batalla de Cepeda, en 1860. Se resolvieron los problemas de reparto de los ingresos aduaneros y Buenos Aires se reincorporó a la Confederación Argentina. Sin embargo, tras la victoria en la Batalla de Pavón de 1861, Mitre obtuvo importantes concesiones del ejército nacional, en particular la enmienda de la Constitución para establecer elecciones indirectas mediante un colegio electoral. En octubre de 1862, Mitre fue elegido presidente de la república, y finalmente se logró la unidad política nacional; comenzó entonces un período de progreso y reforma interna. Durante la Guerra del Paraguay, Mitre fue nombrado inicialmente jefe de las fuerzas aliadas.
Mitre también fue el fundador de La Nación, uno de los principales periódicos de América del Sur, en 1870. Su oposición al candidato del Partido Autonomista Adolfo Alsina, a quien consideraba un separatista velado de Buenos Aires, llevó a Mitre a postularse nuevamente a la presidencia, aunque el experimentado Alsina lo superó en maniobras al presentar a Nicolás Avellaneda, un abogado moderado de la remota provincia de Tucumán, donde se había declarado la independencia de Argentina en 1816. El colegio electoral se reunió el 12 de abril de 1874 y le otorgó a Mitre solo tres provincias, incluida Buenos Aires.
Mitre volvió a tomar las armas. Con la esperanza de impedir la investidura de Avellaneda el 12 de octubre, secuestró una cañonera; sin embargo, fue derrotado, y solo la conmutación de la pena impuesta por el presidente Avellaneda le salvó la vida. Tras la Revolución del Parque de 1890, rompió con el conservador Partido Autonomista Nacional (PAN) y cofundó la Unión Cívica con el reformista Leandro Alem. El deseo de Mitre de mantener un entendimiento con el PAN gobernante condujo al cisma de la Unión Cívica en 1891, tras el cual Mitre fundó la Unión Cívica Nacional y Alem, la Unión Cívica Radical (el partido más antiguo de Argentina).
En sus últimos años, dedicó gran parte de su tiempo a la escritura. Según algunos de sus críticos, como historiador, Mitre emitió juicios cuestionables, ignorando a menudo deliberadamente documentos y eventos clave en sus escritos. Esto provocó que su alumno Adolfo Saldías se distanciara de él, y que futuros historiadores revisionistas, como José María Rosa, cuestionaran por completo la validez de su obra. También escribió poesía y ficción (Soledad: novela original) y tradujo al español La divina comedia de Dante. Fue abuelo de la poeta Margarita Abella Caprile. Como muchos otros argentinos destacados en la vida pública del siglo XIX, era masón.
Ahora copipasteo algunos textos seleccionados de wikipedia en español.
La presidencia de Mitre fue la cuarta de las presidencias constitucionales y la primera de las tres que suelen denominarse presidencias históricas. Estas presidencias históricas, que –junto con las de Domingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda– fundaron el Estado argentino moderno y restablecieron la hegemonía política de Buenos Aires sobre el resto de las provincias, perdida luego de la Batalla de Caseros. En conjunto, estas cinco presidencias suelen reunirse con el nombre de Organización Nacional.
Mitre asumió la presidencia el 12 de octubre de 1862. Tres de los cinco ministros que lo acompañaban eran porteños; los otros dos eran provincianos que residían en Buenos Aires, uno de ellos desde hacía cinco años y el otro hacía cuarenta años.
La cuestión de la Aduana fue resuelta con una ley de 1863 –que favorecía el comercio con Europa y bajaba los impuestos al comercio exterior y con la reforma constitucional de 1866, que restableció la facultad de la Nación de establecer y percibir los derechos a la importación.
Instalado el Congreso y el presidente, faltaba organizar el Poder Judicial, que se rigió por una ley sancionada al día siguiente de la asunción de Mitre. La Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina comenzó a funcionar el 15 de enero de 1863, y en los meses siguientes se organizaron juzgados federales en todas las provincias. También se nacionalizó la vigencia del Código de Comercio del Estado de Buenos Aires.
La política educativa de Mitre estuvo orientada a la extensión y unificación de la enseñanza secundaria, con la idea de extender las ideas liberales entre los jóvenes que pudieran acceder a ella; se fundaron colegios nacionales en las provincias de Salta, Tucumán, Mendoza, San Juan y Catamarca, y se nacionalizó el Colegio Nacional de Buenos Aires.
Durante la presidencia de Mitre se inició la construcción de nuevas líneas de ferrocarriles con el aporte de capital británico, como el Central Argentino –de Rosario a Córdoba–, el Ferrocarril del Norte de Buenos Aires, el Ferrocarril Buenos Aires al Puerto de la Ensenada y el Ferrocarril del Sud. En sentido opuesto, el gobierno de la Provincia de Buenos Aires asumió el control del Ferrocarril Oeste el 1 de enero de 1863, ya que el Banco Provincia era el principal acreedor.
El 15 de noviembre de 1867 se fundó el Ferrocarril Andino, siendo el primero del Estado Nacional argentino; este permitió enlazar las provincias de San Juan, San Luis y Mendoza con la ciudad de Rosario, usando las vías del Ferrocarril Central Argentino.
Sarmiento (1868 - 1874).
Traducción de algunos párrafos de wikipedia en inglés sobre Domingo Faustino Sarmiento.
Domingo Faustino Sarmiento (15 de febrero de 1811 - 11 de septiembre de 1888) fue presidente de Argentina entre 1868 y 1874. Perteneció a un grupo de intelectuales, conocido como la Generación de 1837, que ejerció una gran influencia en la Argentina del siglo XIX. Se preocupó especialmente por la educación y ejerció una importante influencia en la literatura de la región. Sus obras abarcaron una amplia gama de géneros y temas, desde el periodismo hasta la autobiografía, pasando por la filosofía política y la historia.
Sarmiento creció en una familia bastante pobre de la provincia de San Juan pero políticamente activa, lo que le abrió el camino a muchos de sus logros futuros. Entre 1843 y 1850, estuvo frecuentemente en el exilio y escribió tanto en Chile como en Argentina. Su obra más famosa fue Facundo, una crítica a Juan Manuel de Rosas, escrita mientras trabajaba para el periódico El Progreso durante su exilio en Chile. El libro le aportó mucho más que un simple reconocimiento literario; dedicó sus esfuerzos y energía a la lucha contra las dictaduras, en particular la de Rosas, y contrastó la Europa ilustrada —un mundo donde, a su juicio, se valoraban la democracia, los servicios sociales y el pensamiento inteligente— con la barbarie del gaucho y, en especial, del caudillo, los despiadados dictadores de la Argentina del siglo XIX.
Como presidente, Sarmiento abogó por el pensamiento inteligente —incluida la educación para niños y mujeres— y la democracia en América Latina. También modernizó y desarrolló los sistemas ferroviarios, el correo postal y un sistema educativo integral. Durante muchos años ocupó cargos ministeriales a nivel federal y estatal, viajando al extranjero y examinando otros sistemas educativos.
Sarmiento falleció en Asunción, Paraguay, a los 77 años de un infarto. Fue enterrado en Buenos Aires. Hoy en día, es respetado como innovador político y escritor. Miguel de Unamuno lo consideró uno de los más grandes escritores de prosa castellana.
Sarmiento aprendió a leer a la edad de 4 años, y sus maestros fueron su padre y uno de sus tíos, que fue obispo. En 1816 a la edad de 5, fue a la escuela primaria, donde fue un buen alumno y ganó reconocimiento. Aunque su madre quería que fuera cura, tras pasar un año leyendo la Biblia, no quiso entrar en el seminario. En 1823, el ministro de Estado, Bernardino Rivadavia, anunció que los seis mejores alumnos de cada estado serían seleccionados para recibir educación superior en Buenos Aires. Sarmiento encabezaba la lista en San Juan, pero luego se anunció que solo diez alumnos recibirían la beca. La selección se realizó por sorteo, y Sarmiento no fue uno de los becarios elegidos. Como muchos otros argentinos del siglo XIX destacados en la vida pública, era masón.
En 1826, una asamblea eligió a Bernardino Rivadavia presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Esta acción desató la ira de las provincias, y el resultado fue una guerra civil. El apoyo a un gobierno argentino fuerte y centralizado se basó en Buenos Aires y dio origen a dos grupos opuestos. Los adinerados y cultos del Partido Unitario, como Sarmiento, favorecían un gobierno centralizado. En su contra se encontraban los Federalistas, que se asentaban principalmente en zonas rurales y tendían a rechazar las costumbres europeas. Con figuras como Manuel Dorrego y Juan Facundo Quiroga entre sus filas, favorecían una federación flexible con mayor autonomía para las provincias.
La opinión sobre el gobierno de Rivadavia estaba dividida entre ambas ideologías. Para unitarios como Sarmiento, la presidencia de Rivadavia fue una experiencia positiva. Fundó una universidad con personal europeo y apoyó un programa de educación pública para niños varones rurales. También apoyó grupos de teatro y ópera, editoriales y un museo. Estas contribuciones fueron consideradas influencias civilizadoras por los unitarios, pero incomodaron al electorado federalista. Los salarios de los trabajadores comunes fueron sujetos a un límite gubernamental, y los gauchos fueron arrestados por Rivadavia por vagancia y obligados a trabajar en obras públicas, generalmente sin paga.
Debido a que los federalistas ganaban terreno en el país, Sarmiento tuvo que huir a Chile en 1831, a la edad de 20 años. No regresó a Argentina hasta cinco años después. En aquel entonces, Chile se destacaba por su buena administración pública, su organización constitucional y la inusual libertad para criticar al régimen. En opinión de Sarmiento, Chile tenía «seguridad de la propiedad, la continuidad del orden y, con ambos, el amor al trabajo y el espíritu emprendedor que propician el desarrollo de la riqueza y la prosperidad».
Como una forma de libertad de expresión, Sarmiento comenzó a escribir comentarios políticos. Además de escribir, también comenzó a dar clases en una población chilena llamada Los Andes. Debido a su innovador estilo de enseñanza, tuvo conflictos con el gobernador de la provincia. Fundó su propia escuela en Pocuro como respuesta al gobernador. Durante esta época, Sarmiento se enamoró y tuvo una hija ilegítima llamada Ana Faustina, a quien no reconoció hasta que ella se casó.
En 1836 volvió a San Juan (Argentina) y fundó el periódico antifederalista El Zonda, donde sufrió censura y ataques por parte del gobierno provincial. Sarmiento se vio obligado a cesar la publicación del diario en 1840. También fundó una escuela para niñas durante este tiempo llamada Santa Rosa High School, que era una escuela preparatoria. Además de la escuela, fundó una Sociedad Literaria. formó parte de la Sociedad Dramática Filarmónica, y luego fundó la Sociedad Literaria (1838), filial de la Asociación de Mayo; comenzó a participar de actividades artísticas, teniendo contacto con la Generación de 1837 y retomó la actividad política. De hecho la sede del grupo artístico del que formaba parte fue utilizada como centro de reunión de quienes se oponían a Juan Manuel de Rosas, por entonces gobernador de Buenos Aires y encargado de las Relaciones Exteriores de Argentina. En 1839 fundó el Colegio de Pensionistas de Santa Rosa, el citado instituto secundario para señoritas.
En 1840 fue arrestado y obligado a exiliarse en Chile. Una vez al otro lado de los Andes, en 1841, con solo 30 años de edad, Samiento comenzó a escribir para el periódico El Mercurio de Valparaíso, además de trabajar como editor de la Crónica Contemporánea de Latinoamérica. En 1842, Sarmiento fue nombrado director de la primera Escuela Normal de Sudamérica; ese mismo año también fundó el periódico El Progreso. Durante este tiempo, mandó traer a su familia de San Juan a Chile. En 1843, Sarmiento publicó Mi Defensa, mientras continuaba con su labor docente. En mayo de 1845, El Progreso inició la publicación serializada de la primera edición de su obra más conocida, Facundo; en julio, Facundo apareció en formato libro.
Entre 1845 y 1847, Sarmiento viajó en representación del gobierno chileno por Sudamérica: Uruguay, Brasil, Europa, Francia, España, Argelia, Italia, Armenia, Suiza, Inglaterra, Cuba, Norteamérica, Estados Unidos y Canadá, con el fin de examinar diferentes sistemas educativos, así como los niveles de educación y comunicación. Sarmiento inició su visita a Estados Unidos con tan solo seiscientos dólares del gobierno chileno, gastando gran parte de esa asignación en viajes anteriores a África y Europa. Por ello, planeó visitar la mayor parte del país posible y finalizar su viaje en La Habana, donde ejercería como profesor y periodista para obtener más fondos y financiar futuros viajes por el continente americano. Durante su visita a Estados Unidos, Sarmiento visitó importantes lugares como Boston, Washington D. C. y Nueva Orleans. Sarmiento volvería a Estados Unidos entre 1865 y 1868, cuando se desempeñaba como ministro plenipotenciario de Argentina en el país. Basándose en sus viajes, escribió el libro Viajes por Europa, África y América, publicado en 1849.
Sarmiento continuó ejerciendo la idea de la libertad de prensa y fundó dos nuevas publicaciones, La Tribuna y La Crónica, respectivamente, que atacaban duramente a Juan Manuel de Rosas. Durante su estancia en Chile, sus ensayos se volvieron más enérgicos contra Juan Manuel de Rosas. El gobierno argentino intentó extraditarlo de Chile a Argentina, pero el gobierno chileno se negó a entregarlo.
En 1854, Sarmiento visitó brevemente Mendoza, justo al otro lado de la frontera con Chile, en el oeste de Argentina, pero fue arrestado y encarcelado. Tras su liberación, regresó a Chile. Pero en 1855 puso fin a lo que ahora era su exilio "autoimpuesto" en Chile: llegó a Buenos Aires, donde pronto se convertiría en editor jefe del periódico El Nacional. También fue nombrado concejal en 1856, y en 1857 se incorporó al Senado provincial, cargo que ocupó hasta 1861.
Fue en 1861, poco después de que Mitre asumiera la presidencia de Argentina y apoyado por él, que Sarmiento dejó Buenos Aires y regresó a San Juan, donde fue elegido gobernador, cargo que asumió en 1862. Fue entonces cuando aprobó la Ley Orgánica de Instrucción Pública, que hizo obligatoria la asistencia de los niños a la escuela primaria. Permitió la apertura de varias instituciones, incluyendo escuelas secundarias, escuelas militares y una escuela solo para niñas. Mientras fue gobernador, desarrolló caminos e infraestructura, construyó edificios públicos y hospitales, fomentó la agricultura y permitió la minería. Reanudó su puesto como editor de El Zonda. En 1863, Sarmiento luchó contra el poder del caudillo de La Rioja y se encontró en conflicto con el ministro del Interior del gobierno del general Mitre, Guillermo Rawson. Sarmiento renunció como gobernador de San Juan para convertirse en Ministro Plenipotenciario en Estados Unidos, adonde fue enviado en 1865, poco después del asesinato del presidente Abraham Lincoln. Conmovido por la historia de Lincoln, Sarmiento terminó escribiendo su libro Vida de Lincoln. Fue en este viaje que Sarmiento recibió un título honorífico de la Universidad de Michigan. Un busto suyo se encontraba en el Edificio de Lenguas Modernas de la Universidad de Michigan hasta que múltiples protestas estudiantiles provocaron su retirada. Los estudiantes instalaron placas y pintaron el busto de rojo para representar las controversias en torno a sus políticas hacia los pueblos indígenas de Argentina. Aún existe una estatua de Sarmiento en la Universidad de Brown. Durante este viaje, se le pidió que se postulara de nuevo a la presidencia. Ganó y asumió el cargo el 12 de octubre de 1868.
Sarmiento fue presidente de Argentina de 1868 a 1874, llegando a la presidencia a pesar de las maniobras de su predecesor, Bartolomé Mitre. Según la biógrafa Allison Bunkley, su presidencia «marca el advenimiento de la clase media, o terrateniente, como el poder fundamental de la nación. La era del gaucho había terminado y comenzaba la del comerciante y ganadero». Sarmiento buscaba crear libertades fundamentales y garantizar la seguridad ciudadana y el progreso para todos, no solo para unos pocos. Su gira por Estados Unidos le había aportado muchas ideas nuevas sobre política, democracia y la estructura social, especialmente durante su etapa como embajador argentino en el país de 1865 a 1868. Encontró que Nueva Inglaterra, específicamente la zona de Boston y Cambridge, fue la fuente de gran parte de su influencia, y escribió en un periódico argentino que Nueva Inglaterra era «la cuna de la república moderna, la escuela para toda América». Describió a Boston como "La ciudad pionera del mundo moderno, la Sión de los antiguos puritanos... Europa contempla en Nueva Inglaterra el poder que en el futuro la suplantará". Sarmiento no sólo desarrolló ideas políticas, sino también estructurales al hacer la transición de Argentina de una economía principalmente agrícola a una centrada en las ciudades y la industria.
El historiador David Rock señala que, además de acabar con el caudillismo, los principales logros de Sarmiento en el gobierno se relacionaron con la promoción de la educación. Su enfoque en la educación se convirtió en una herramienta divisiva de su estrategia de construcción nacional. Con este enfoque, logró sentar las bases para promover el intelecto de las generaciones futuras y asegurar su prosperidad. Se hizo hincapié en la construcción de edificios educativos y la formación de futuros maestros. Su énfasis en la construcción de estas escuelas y la promoción de la educación sirvió de ejemplo para las futuras administraciones. Como afirman Garrard, Henderson y McCann, esta base eventualmente convertiría al pueblo argentino en uno de los más alfabetizados del hemisferio. Como informa Rock, "entre 1868 y 1874, los subsidios educativos del gobierno central a las provincias se cuadruplicaron". Estableció 800 instituciones educativas y militares, y sus mejoras al sistema educativo permitieron que 100.000 niños asistieran a la escuela.
También impulsó la modernización en general, construyendo infraestructura que incluía 5.000 kilómetros de líneas telegráficas a lo largo del país para mejorar las comunicaciones y facilitar la comunicación entre el gobierno de Buenos Aires y las provincias; modernizando los sistemas postal y ferroviario, que consideraba esenciales para las economías interregionales y nacionales, así como construyendo la Línea Roja, una línea ferroviaria que transportaría mercancías a Buenos Aires para facilitar el comercio con Gran Bretaña. Al final de su presidencia, la Línea Roja tenía una extensión de 1.331 kilómetros. En 1869, realizó el primer censo nacional de Argentina.
Si bien la rápida expansión del ferrocarril impulsó el comercio, Latinoamérica experimentó un aumento de la desigualdad y una mayor presión para expulsar a los indígenas de sus tierras con el fin de expandir la economía. Con la expansión del ferrocarril, se incrementó la exploración, impulsada por el acceso a tierras previamente inaccesibles. El sucesor de Sarmiento, Nicolás Avellaneda, impulsó aún más esta política. A finales de la década de 1870, Julio Roca, su ministro de Guerra, llevó a cabo la Conquista del Desierto. Esta guerra, impulsada por la expansión de los ferrocarriles latinoamericanos, se libró contra los indígenas del sur de Argentina. Además de la expansión y el exilio por parte de la población, el gobierno había declarado oficialmente sus intenciones. Siguiendo el modelo de desplazamiento delineado por Norteamérica, la Conquista del Desierto estableció el dominio de Argentina como Estado-nación y sentó un peligroso precedente. Con este precedente, el dominio argentino costó la muerte y el desplazamiento del pueblo mapuche en la Patagonia. Aunque Sarmiento promovió la modernización y el crecimiento que fortalecieron a Argentina, la idea de expansión significó la expulsión y el asesinato de los pueblos indígenas.
Aunque Sarmiento es bien conocido históricamente, no fue un presidente popular. De hecho, Rock considera que «en general, su administración fue una decepción». Durante su presidencia, Argentina libró una guerra impopular contra Paraguay; al mismo tiempo, la gente estaba descontenta con él por no luchar por el Estrecho de Magallanes desde Chile. Si bien aumentó la productividad, incrementó el gasto, lo que también afectó negativamente su popularidad. Además, se culpó a la llegada de una gran afluencia de inmigrantes europeos por el brote de fiebre amarilla en Buenos Aires y el riesgo de una guerra civil. Además, la presidencia de Sarmiento estuvo marcada por la continua rivalidad entre Buenos Aires y las provincias.
Sarmiento era reconocido por su modernización del país y por sus mejoras en el sistema educativo. Creía firmemente en la democracia y el liberalismo europeo, pero a menudo se le consideraba un romántico. Sarmiento era un gran conocedor de la filosofía occidental, incluyendo las obras de Karl Marx y John Stuart Mill. Le fascinaba especialmente la libertad otorgada a quienes vivían en Estados Unidos, de la que fue testigo como representante del gobierno peruano. Sin embargo, veía obstáculos a la libertad, señalando, por ejemplo, las secuelas de la Revolución Francesa, que comparó con la Revolución de Mayo de Argentina. Creía que la libertad podía degenerar en anarquía y, por consiguiente, en guerra civil, como ocurrió en Francia y Argentina. Por lo tanto, su uso del término "libertad" se refería más a un enfoque de laissez-faire en la economía y la libertad religiosa. Aunque católico, comenzó a adoptar las ideas de separación de la Iglesia y el Estado, inspiradas en el modelo estadounidense. Creía que debería haber más libertad religiosa y menos afiliación religiosa en las escuelas. Esta fue una de las muchas maneras en que Sarmiento intentó conectar América del Sur con América del Norte.
Sarmiento creía que las necesidades materiales y sociales del pueblo debían satisfacerse sin sacrificar el orden ni el decoro. Concedía gran importancia a la ley y a la participación ciudadana. Estas ideas las equiparaba a Roma y a Estados Unidos, sociedades que, según él, exhibían cualidades similares. Para civilizar la sociedad argentina y equipararla a la de Roma o Estados Unidos, Sarmiento creía en la eliminación de los caudillos, o los grandes latifundios, y en el establecimiento de múltiples colonias agrícolas dirigidas por inmigrantes europeos. Sabemos que posteriores presidentes argentinos promovieron los grandes latifundios argentinos y se apoyaron en una oligarquía agraria y ganadera.
Proveniente de una familia de escritores, oradores y clérigos, Domingo Sarmiento valoraba enormemente la educación y el aprendizaje. Abrió varias escuelas, incluyendo la primera escuela de Latinoamérica para maestros en Santiago en 1842: la Escuela Normal Preceptores de Chile. Abrió 18 escuelas más y contrató a maestras, principalmente estadounidenses, para que instruyeran a sus graduados en la eficacia de la enseñanza. Sarmiento creía que la educación era la clave de la felicidad y el éxito, y que una nación no podía ser democrática sin educación. «Debemos educar a nuestros gobernantes», decía. «Un pueblo ignorante siempre elegirá a Rosas». Sus opiniones sobre los indígenas sudamericanos han sido más controvertidas, y algunos académicos argumentan que reflejaban el racismo de su época. Por ejemplo, en el periódico El Nacional, del 25 de noviembre de 1857, Sarmiento escribió: «¿Seremos capaces de exterminar a los indios? Siento una repugnancia invencible e incurable por los salvajes de América. Esos canallas no son más que indios repugnantes que ahorcaría si reaparecieran. Lautaro y Caupolicán son indios sucios, porque así son todos. Incapaces de progresar, su exterminio es providencial y útil, sublime y grandioso. Hay que exterminarlos sin siquiera perdonar al pequeño, que ya siente un odio instintivo por el hombre civilizado».
Nicolás de Avellaneda (1874 - 1880).
Para la presidencia de Nicolás de Avellaneda he seguido el enlace de wikipedia en español, ya que el enlace de wikipedia en inglés es demasiado breve, a diferencia del de Sarmiento. Yo solo lo he resumido un poco, señalando lo que me parece más importante. Al copipastear se quedan grabados los enlaces de wikipedia.
Nicolás Remigio Aurelio Avellaneda (San Miguel de Tucumán, 3 de octubre de 1837 - alta mar, 25 de noviembre de 1885) fue un abogado, periodista, político y estadista argentino; ministro de Justicia e Instrucción Pública de Argentina entre 1868 y 1873, senador nacional por la Provincia de Tucumán. También fue economista y profesor universitario de economía. En 1874 resultó electo presidente de la Nación por el Partido Autonomista Nacional, del que fue fundador ese año, fuerza política que se mantendría 42 años en el poder sin ninguna alternancia. En 1883 fue nuevamente senador nacional por su provincia natal, hasta su fallecimiento.
Nicolás Avellaneda nació en San Miguel de Tucumán el 3 de octubre de 1837 en el seno de una familia tradicional tucumana. En 1850, se trasladó a Córdoba, donde fue alumno del Colegio Nuestra Señora de Monserrat y de la antigua Universidad de San Carlos; allí cursó la carrera de Derecho que completaría más tarde en la Universidad de Buenos Aires. De regreso a su provincia fundó el periódico el Eco del Norte y a fines de 1857 se trasladó a Buenos Aires. A poco de llegar comenzó a trabajar como periodista en El Nacional y a colaborar con El Comercio del Plata, fundado en Montevideo por Florencio Varela durante la época de Juan Manuel de Rosas.
En Buenos Aires pudo completar sus estudios de derecho e iniciarse en el ejercicio de su profesión. Conoció a Sarmiento, con quien mantuvo una estrecha amistad. El sanjuanino lo ayudó a acceder a la cátedra universitaria como destacado profesor de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, desde donde iniciará su carrera política. En 1865 publicó una de sus obras más importantes: Estudio sobre las leyes de tierras públicas, donde examina la legislación argentina al respecto y propone, basándose en el ejemplo estadounidense, la entrega de propiedades a los verdaderos productores, abreviando trámites y eliminando obstáculos. Plantea que la distribución de la tierra garantiza el asentamiento de población estable y contribuye al aumento del caudal demográfico. "La propiedad territorial fácil y barata –decía en el Estudio– debe ser la enseña de leyes venideras, para vencer en su nombre y con su obra el desierto, cambiando el aspecto bárbaro de nuestras campañas". Para Sarmiento, Avellaneda y Roca, el desierto eran las tierras aún habitadas por los indios, a los que consideraban seres inferiores. En 1862, con 25 años, fue electo diputado a la Legislatura de Buenos Aires y para 1866 debió abandonar la banca para ocupar el cargo del ministro de Gobierno de la Provincia, durante la gobernación de Adolfo Alsina, cuando todavía no había cumplido 29 años.
Fue ministro de Justicia e Instrucción Pública durante la presidencia de Sarmiento. Avellaneda participó de las ideas sarmientinas respecto de la educación popular, al que consideró el verdadero basamento para el afianzamiento de la democracia de los pueblos. Durante su ministerio se fundaron las primeras escuelas normales para la formación de maestros de Argentina y se reorganizó también el sistema de enseñanza primaria y obligatoria (ya lo hemos dicha de la presidencia de Sarmiento).
Sarmiento debió encargarse de graves problemas socioeconómicos que le atendían gran parte de su tiempo, por lo que decidió delegar su proyecto de renovación educacional a su flamante ministro, Nicolás Avellaneda. Su coincidencia en los pilares de la nueva educación que se buscaba permitió a Sarmiento delegar todas las decisiones a Avellaneda. Tanto es así, que fue el ministro quien impulsó la creación de escuelas normales en todas las provincias de la República, la renovación de los programas primarios, secundarios y universitarios. Impulsó la escuela secundaria, que por aquel entonces solo se podía obtener en Buenos Aires, Córdoba y Concepción del Uruguay, con el fin de extenderla a todos los pagos de la República. Durante su gestión como ministro, se agregaron 800 escuelas a las 1.000 ya existentes antes de 1868. La cantidad de alumnos pasó de 30.000 a 100.000 chicos en todo el país.
En 1873 comienza a planear su candidatura presidencial. Con el apoyo de Sarmiento, Alsina y Roca, lanza oficialmente su candidatura en Córdoba, donde recibe un amplio apoyo. El único que podría darle pelea en las urnas al tucumano era el expresidente, Bartolomé Mitre. Pero a diferencia del tucumano, Mitre no contaba con el apoyo del interior del país. Sabiendo que el día a día de la campaña iba a interferir y casi imposibilitar su labor como ministro, presentó su renuncia al presidente Sarmiento, quien únicamente la aceptó reconociendo que era por el bien general del país. Sarmiento veía a Avellaneda como su sucesor natural y apoyó su candidatura durante toda la campaña. El 14 de abril de 1874, en medio de una gran tensión política, se realizaron elecciones presidenciales. Nicolás Avellaneda se impuso sobre Bartolomé Mitre, quien sólo triunfó en Buenos Aires, Santiago del Estero y San Juan.
Avellaneda fue el tercer y último mandatario del período de las presidencias históricas argentinas (1862 - 1880).. Como presidente compartió con sus antecesores un mismo proyecto de país que resultó fundacional para el estado argentino y que se basó en tres metas: “nación, constitución y libertad”. La nación entendida como la entidad superior que unificó a todas y cada una de las provincias en un estado común. La constitución como un catálogo de derechos que regulan las relaciones de las personas y limita a los tres poderes de estado. La libertad como principio básico del liberalismo. Durante estas tres presidencias se completó el período de Organización Nacional. En 1862 se acabaron las guerras civiles entre unitarios y federalistas, entre la capital y el interior. "Este trío de presidentes, si bien con sus diferencias personales, de estilos y de poder, tuvieron un claro objetivo común para la Argentina como: la civilización sobre la barbarie." Fuente. Para bien o para mal (hay un poco de todo), este período definió lo que más tarde fue la Argentina.
"En este período se definió el enfrentamiento histórico entre el Partido Federal y el Partido Unitario, enfrentados en las guerras civiles argentinas, organizándose definitivamente el país como una federación de provincias. Se produjeron cambios profundos en la configuración del Estado argentino: se sancionó la Constitución Nacional de 1853, que permitió constituir una república federal con autoridades nacionales; tuvo lugar la Guerra contra el Paraguay que modificó los equilibrios regionales; se produjeron las últimas guerras civiles argentinas que derrotaron definitivamente a los caudillos y los gauchos; se realizó la llamada Conquista del Desierto contra los pueblos indígenas, triplicando el territorio nacional; se resolvió la "cuestión capital" con la federalización de Buenos Aires; se inició el movimiento de inmigración ultramarina que modificaría radicalmente la población del país; se modernizaron las comunicaciones internas –iniciándose el tendido de la red ferroviaria argentina– y las externas, con la construcción de nuevas instalaciones portuarias; se extendió la educación primaria gratuita, se crearon gran cantidad de escuelas primarias y secundarias y se sancionaron las leyes de tierras que promovieron el latifundio y limitaron el acceso a la propiedad rural de los inmigrantes y la población nativa." Fuente.
Más adelante:
Durante ese período se produjo una transformación profunda de la estructura económica del país: las regiones otrora más prósperas, tales como el noroeste, Cuyo y el noreste –cuyas economías eran motorizadas por el intercambio comercial con el Alto Perú, Chile y Paraguay respectivamente– sufrieron una marcada declinación debido al proceso independentista y a la competencia de los productos industriales –de origen mayoritariamente británico– con sus producciones artesanales e industriales. Paralelamente, el Litoral argentino –cuya importancia económica durante el Virreinato del Río de la Plata había estado muy limitada– experimentó los efectos de una rápida valorización de los productos ganaderos, especialmente carne en forma de tasajo y cueros, que le permitieron ponerse al frente de la economía del país.[1] Por otro lado, la Provincia de Buenos Aires se adueñó de los ingresos de la Aduana que servía a todo el país, la principal fuente de ingresos públicos.[2] El comercio exterior fue monopolizado por los comerciantes extranjeros, especialmente británicos.[3]
También en el campo pecuario se produjo un cambio fundamental. Si te pregunto con qué animal ganadero identificas Argentina sin duda dirás que con las vacas. Pero esto no siempre fue así.
La coyuntura internacional en la década de 1850-1860 resultaba favorable para los productos ganaderos. La producción lanera había visto un rápido crecimiento durante los últimos años de la época de Rosas, empujada por los favorables precios internacionales, la caída de los costos de transporte y la llegada masiva de pastores especializados en esa rama de la producción, especialmente vascos e irlandeses.[n. 6][90] Esta tendencia continuó a lo largo de los años que siguieron a Caseros, iniciándose el llamado "ciclo de la lana", que duraría hasta la crisis de 1890. El renglón más importante de las exportaciones argentinas pasó a ser la lana,[90] y el propio sistema productivo estaba orientado en esa dirección: los campos eran pastoreados intensivamente durante algunos años con vacas, que consumían los pastos y arbustos más duros y favorecían el desarrollo de los pastos más tiernos, tras lo cual las vacas eran reemplazadas por ovejas.[91] La mestización de los rodeos ovinos mejoró la cantidad y calidad del producto ofrecido, y las mejoras en los puertos facilitaron su comercialización.[90] También se observó un rápido crecimiento de las exportaciones de productos ganaderos tradicionales, tasajo y cueros. La provincia que mejor aprovechó esa situación fue la de Buenos Aires, seguida por Entre Ríos y Santa Fe, que tenían puertos de ultramar.[92]Este cambio del ganado ovino al vacuno va parejo con el cambio de preponderancia del noroeste, Cuyo y el noreste al este del país.
Avellaneda fue el primer presidente civil, no pertenecía a ninguna de las fuerzas armadas. Como le dice Sarmiento al entregarle la banda presidencial: "Es usted el primer presidente que no sabe usar una pistola". Políticamente opuesto a las aspiraciones autonomistas de la provincia de Buenos Aires, asumió la presidencia el 12 de octubre de 1874, a la edad de 37 años.
El permanente déficit presupuestario y la urgencia de afrontar el pago de las deudas públicas, adquiridas principalmente durante la guerra de la Triple Alianza, fue la causa de la sanción durante la presidencia de Avellaneda, a principios de 1875, de una Ley de Aduanas que aumentaba un 40% los derechos de importación de productos industriales. A fines de 1875 se hizo evidente, causada por los desmanejos financieros del gobierno y por la baja de los precios de las materias primas en el mercado mundial. El Banco Nacional fue utilizado para solventar parte de las necesidades de fondos del gobierno nacional, pero para ello debió acudir, a su vez, a un crédito tomado al Banco de la Provincia de Buenos Aires. Finalmente, tras buscar infructuosamente otras salidas, el presidente se decidió a una reducción masiva del gasto público, despidiendo 6000 empleados públicos y bajando los sueldos en un 15 %. En un discurso muy conocido, afirmó que
Hay dos millones de argentinos que economizarán hasta sobre su hambre y su sed, para responder en una situación suprema a los compromisos de nuestra fe pública en los mercados extranjeros.
Todos los "progres" argentinos desde entonces conocen y repiten como loros esta cita sin entenderla, especialmente los peronistas. Aunque Avellaneda aumentó los aranceles a la importación, él se consideraba un liberal.
No todos estaban de acuerdo con esa solución; existía una fracción del autonomismo –en que sobresalían Dardo Rocha, Miguel Cané, Carlos Pellegrini y Vicente Fidel López– que durante sucesivas discusiones parlamentarias a lo largo del año 1875 propusieron alguna forma de proteccionismo para promover la industrialización, para que el país dejara de depender de las exportaciones de productos primarios y las importaciones de productos industriales. Tras un período durante el cual tuvieron alguna acogida en la prensa, sus propuestas terminarían por ser dejadas de lado ante la progresiva solución de la crisis. Solución que sólo en parte se debió a la austeridad gubernamental: fue el aumento del precio de la lana el que revirtió el déficit comercial.
Avellaneda fue el más claro realizador de las ideas del fomento de la inmigración, en especial la europea, que la Constitución de 1853, definió en su famosa "cláusula del progreso". Compartía ese mismo ideario con el politólogo Juan Bautista Alberdi, sostenedor de la frase En América gobernar es poblar y también con su antecesor en el cargo del Poder Ejecutivo Nacional, el expresidente Sarmiento.
En diciembre de 1876 llegó al país el primer barco frigorífico, Le Frigorifique, equipado con dos cámaras que mantenían una temperatura de 0 grados centígrados. Esto modificaba notablemente el panorama de las exportaciones argentinas e incrementaba el valor del ganado y permitió llevar a cabo el primer embarque de carne congelada hacia Europa, y al año siguiente las primeras exportaciones de cereales.[11] Estas actividades irían creciendo gradualmente hasta convertirse en los dos renglones más importantes de las exportaciones argentinas a partir de la década de 1890.
Como consecuencia –y también como condición necesaria– de esa expansión agrícola, la extensión de la red ferroviaria tuvo un gran impulso durante el gobierno de Avellaneda, llegándose a los 2516 kilómetros al final de su mandato, lo que equivale a un aumento del 89 % en seis años. El propio presidente inauguró el ramal del ferrocarril transandino hasta San Miguel de Tucumán –iniciado durante la presidencia de Sarmiento– y se extendieron los dos ferrocarriles de la provincia de Buenos Aires: el Oeste y el Sur. También se extendió el ramal que debía ir hacia Chile, llegando hasta Villa Mercedes, en San Luis.
La Campaña del Desierto durante el mandato de Avellaneda.
Artículo principal: La Campaña del Desierto.
Ante las señales de que se planeaban ataques contra sus tolderías, el cacique mayor Calfucurá ordenó el malón más grande de la historia, que –en marzo de ese año– atacó y saqueó gran parte del centro de la provincia de Buenos Aires. Una rápida reacción del general Rivas con apoyo de indios ranqueles le permitió una completa victoria en la batalla de San Carlos.
A partir de entonces, favorecido el gobierno nacional por la muerte de Calfucurá, se inició una serie de avances en la frontera, especialmente en el oeste de Buenos Aires. A principio de 1876, los caciques Juan José Catriel y Manuel Namuncurá –hijo y sucesor de Calfucurá— lanzaron otro gran malón sobre el sur de la Provincia de Buenos Aires.
Tras la muerte de Alsina, Avellaneda nombró en su reemplazo al general Julio Argentino Roca,[10]quien había criticado la supuesta actitud defensiva de Alsina. A diferencia de su antecesor, que había intentado integrar a los indígenas a la civilización occidental, Roca sostenía que la única solución contra la amenaza que representaban los indígenas era su sometimiento, expulsión o eliminación. Estos grupos provenían de la región de la Araucanía, quienes buscaban robar ganado para venderselo a Chile, lo que los terratenientes argentinos no podían tolerar. Sobre la base de esa premisa, propuso un proyecto de ley para ocupar todo el territorio indígena hasta los ríos Negro y Neuquén en dos años. La ley fue sancionada el 4 de octubre de 1878, acordando 1.700.000 pesos al proyecto, cuando el plan ya estaba en marcha.
A lo largo del año 1878 se lanzaron sucesivas ofensivas sobre las posiciones indígenas, causando centenares de bajas a las fuerzas de Namuncurá y la captura de los temidos caciques ranqueles Pincén, Catriel y Epumer. Unos 4000 indígenas –en su mayoría mujeres y niños– fueron capturados en estas campañas. Además, los malones dejaron un saldo significativo de secuestros, con numerosos colonos, especialmente mujeres y niños, llevados cautivos por los grupos indígenas. Los ataques resultaron en la muerte de muchos ciudadanos, defensores e indígenas Tehuelches que vivían en paz en la patagonia, aunque las cifras exactas varían según las fuentes. En cuanto al robo de ganado, se estima que miles de cabezas de ganado fueron sustraídas durante estos asaltos, pero se estima que cada malón robaba entre 40.000 y 200.000 cabezas de ganado, lo que afectó gravemente la economía de las regiones fronterizas. Estos eventos contribuyeron a la percepción de inseguridad y justificaron las medidas militares adoptadas posteriormente.
Así, la presidencia de Avellaneda iniciaba la integración geopolítica de aproximadamente un tercio de la actual superficie continental de Argentina.
Luego de la culminación de las exitosas expediciones, la Argentina logró incorporar definitivamente a su soberanía territorial toda la pampa y la Patagonia. Asimismo millones de hectáreas pudieron comenzar a ser utilizadas por la población oriunda de la Patagonia y las provenientes de Buenos Aires, que ya no debían sufrir estas incursiones provenientes del otro lado de la cordillera. Se crearon pueblos, puertos, estancias, al fomentarse el progreso a través del establecimiento del avance de las comunicaciones, los caminos, las postas y los telégrafos.
Julio Argentino Roca (primera presidencia, 1880 - 1886).
Es el primer presidente de la República Conservadora.
Traducción parcial del enlace de wikipedia en inglés Julio Argentino Roca.
Alejo Julio Argentino Roca Paz (17 de julio de 1843 - 19 de octubre de 1914) fue un general del ejército y estadista argentino que se desempeñó como presidente de Argentina de 1880 a 1886 y de 1898 a 1904. Roca es el representante más importante de la Generación del 80 y es conocido por dirigir la Conquista del Desierto, una serie de campañas militares contra los pueblos indígenas de la Patagonia a veces consideradas un genocidio.
Durante sus dos mandatos como presidente, se produjeron muchos cambios importantes, en particular grandes proyectos de infraestructura de ferrocarriles e instalaciones portuarias; aumento de la inversión extranjera, junto con la inmigración procedente de Europa y, en particular, la inmigración a gran escala desde el sur de Europa; expansión de los sectores agrícola y pastoral de la economía; y legislación laicizadora que fortaleció el poder estatal.
La principal preocupación de Roca en política exterior era fijar límites fronterizos con Chile, que nunca se habían determinado con precisión. En 1881, Argentina obtuvo territorio mediante un tratado con Chile.
En 1878, durante la presidencia de Nicolás Avellaneda, asumió el cargo de Ministro de Guerra y se encargó de preparar una campaña que pusiera fin al "problema fronterizo" tras el fracaso del plan de Adolfo Alsina (su predecesor). Varios grupos indígenas defendían sus territorios tradicionales y asaltaban con frecuencia asentamientos fronterizos no indígenas, tomando caballos y ganado, y capturando mujeres y niños, que eran esclavizados u ofrecidos como esposas a los guerreros. Sin embargo, el enfoque de Roca para tratar con las comunidades indígenas de la Pampa era completamente diferente al de Alsina, quien había ordenado la construcción de una zanja y una línea defensiva de pequeñas fortalezas a lo largo de la provincia de Buenos Aires. Roca no veía otra manera de acabar con los ataques indígenas (malones) que poniendo bajo control gubernamental efectivo todo el territorio hasta el Río Negro en una campaña (conocida como la Conquista del Desierto) que extinguiría, sometería o expulsaría a los indígenas que allí vivían. "Inició la campaña contra los ranqueles", que finalmente resultó en la "transferencia del 35% del territorio nacional de los indios a los caudillos locales". Esta conquista de tierras también fortalecería la posición estratégica de Argentina frente a Chile.
Ideó un movimiento de "tentáculo", con oleadas de unidades de caballería de 6.000 hombres que partieron coordinadamente de Mendoza, Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires en julio de 1878 y abril de 1879 respectivamente, con un saldo oficial de casi 1.313 nativos americanos muertos y 15.000 tomados como prisioneros, y se le atribuye la liberación de varios cientos de rehenes europeos.
Bajo su mandato se aprobaron las llamadas "Leyes Laicas", que nacionalizaron una serie de funciones que anteriormente estaban bajo el control de la Iglesia. También creó el Registro Civil, un registro de nacimientos, defunciones y matrimonios. El presidente Roca también declaró gratuita la educación primaria al nacionalizar las instituciones educativas administradas por la Iglesia. Esto provocó una ruptura de relaciones con el Vaticano. Roca presidió una época de rápido desarrollo económico impulsado por la inmigración europea a gran escala, la construcción de ferrocarriles y el auge de las exportaciones agrícolas. En mayo de 1886, Roca fue objeto de un intento de asesinato fallido.
El propio Roca había propuesto a Juárez Celman como su sucesor, quien era su cuñado. Sin embargo, Celman se distanció de Roca. El gobierno de Celman finalmente se vio empañado por la crisis de Baring y las acusaciones de corrupción.
Juárez Celman (1886 - 1890).
Miguel Ángel Juárez Celman (29 de septiembre de 1844 - 14 de abril de 1909) fue el presidente de Argentina desde 1886 hasta su renuncia en 1890.
Su carrera estuvo marcada por la influencia de su cuñado, Julio Argentino Roca, quien lo impulsó a la carrera legislativa. Fue un firme defensor de la separación de la Iglesia y el Estado y un liberal aristocrático. Como presidente de Argentina, promovió las obras públicas, pero no logró mantener la estabilidad económica y tuvo que enfrentarse a la poderosa oposición del Partido Unión Cívica y su líder, Leandro N. Alem. Tras la Revolución del Parque, aunque derrotó el levantamiento, se vio obligado a dimitir y se retiró de la vida política.
El 12 de octubre de 1886 asumió la presidencia. En su discurso inaugural, anunció su ideología liberal, que incluía la promoción de la educación, la inmigración europea —con la que pretendía revertir la "inferioridad" de la sangre indígena— y la iniciativa privada. Sin embargo, su énfasis en el papel de los individuos contrastaba marcadamente con su estilo de gobierno. Acostumbrado a la dirección autocrática de los asuntos públicos, pronto entró en conflicto con Roca, quien aspiraba a mantener su influencia sobre el gobierno y el Partido Nacional Autonomista.
Juárez Celman promovió las obras públicas, especialmente en Buenos Aires, con la intención de asemejarla a las capitales europeas que tomó como referencia. Ordenó la construcción de edificios gubernamentales como el Correo Central (finalizado en 1928), el Teatro Colón, numerosas escuelas e infraestructura sanitaria, la reforma del puerto de Buenos Aires según el proyecto de Eduardo Madero y el inicio de las obras del Dique de San Roque, obra de Bialet Massé.
El 10 de abril de 1888, el presidente creó una unidad telegráfica en el Ejército. En 1897, se movilizaron unidades de la Guardia Nacional en previsión de un conflicto con Chile, y para entonces, dicha milicia contaba con un regimiento de ingenieros que recibían instrucción específica en telegrafía de campaña.
El fomento de la inmigración también fue importante, incluyendo la gratuidad de los pasajes y la entrega de tierras a los colonos, muchas de las cuales fueron arrebatadas a los indígenas durante la Campaña del Desierto de su predecesor, Roca. También se impulsó una importante reforma legal, que incluyó la organización procesal de los Tribunales, el establecimiento de un Registro de la Propiedad, la promulgación de la Ley de Matrimonio Civil y los códigos de Minería, Penal y Comercio.
Continuando en gran medida con el auge de la especulación comercial y bursátil de su predecesor, Juárez Celman aceleró el proceso mediante una activa política de privatizaciones. Concedió la construcción de decenas de ramales ferroviarios. En particular, fue llamativa la privatización de la empresa estatal más exitosa de la historia argentina hasta entonces, el Ferrocarril Oeste de Buenos Aires, cuya venta se justificó precisamente por su superávit operativo y financiero.
El resultado inmediato de la enajenación de los medios públicos de producción y el gasto ruinoso fue una marcada inestabilidad financiera. Pero mientras el capital externo continuó fluyendo hacia el sistema, este se mantuvo y creció a niveles sin precedentes: entre 1886 y 1890, la economía nacional creció un asombroso 44%. Durante la década de 1880, el 40% de todo el capital británico invertido en el extranjero se invirtió en Argentina. La mayor parte de las inversiones externas se destinó a financiar la red ferroviaria, que agregó otros 3.800 km, casi 10.000 km en extensión total. Además de los ferrocarriles, también hubo importantes inversiones en puertos, incluidos los de Bahía Blanca, Rosario, La Plata y, en Buenos Aires, comenzó la construcción de Puerto Madero.
La ganadería se encontraba en pleno auge económico, con la expansión de sistemas de producción algo más modernos —el cercado se había extendido por todo el país y llegaron los primeros molinos de viento para el agua— y con la incorporación de tierras recientemente recuperadas del territorio indígena. Las exportaciones se diversificaron en cierta medida, con exportaciones de lana, carne congelada —el primer refrigerador se había instalado en 1881— y cereales, cuya participación en las exportaciones a finales de la década alcanzó el 16% del valor total.
La situación financiera comenzó a desestabilizarse a finales de 1888, cuando el Banco Constructor de La Plata quebró, lo que acarreó la muerte de su presidente y fundador, Carlos Mauricio Schweitzer. En rápida sucesión, varias instituciones financieras tuvieron que afrontar crisis de pagos, lo que casi llevó a la quiebra a varios bancos extranjeros. Cuando el banco Baring Brothers asumió sus errores al invertir en la burbuja especulativa en la que se había convertido Argentina, la llegada de capital extranjero se detuvo por completo, dando inicio a la fase más crítica de la crisis financiera de 1890. Poco después, el Estado argentino entró en default y repudió las deudas contraídas por los Bancos Garantizados y las provincias, con lo que de hecho se declaró en quiebra, de la que recién saldría varios años después. Hacia 1890 se convocaron numerosas huelgas exigiendo aumentos salariales para mantener el nivel de vida, y la oposición se fortaleció. Enemistado con Roca, quien lo había llamado públicamente "vil y ruin", Juárez Celman se vio cada vez más aislado políticamente. El 13 de abril de 1890, el senador Del Valle denunció que circulaban emisiones clandestinas de papel moneda junto con las legales, lo que generó una enorme agitación.
Considerando que la posible participación en las elecciones sería inútil para enfrentarse a la maquinaria política oficial, los radicales se propusieron planear una revolución. La llamada Revolución del Parque, que estalló el 26 de julio de 1890, permitió a los líderes rebeldes controlar gran parte de la ciudad de Buenos Aires durante tres días. A pesar de la superioridad de las posiciones rebeldes, los líderes militares del movimiento ignoraron las demandas de los líderes civiles y no tomaron el control del centro de la ciudad. La respuesta del ejército leal los obligó a capitular el 29 ante las fuerzas del general Nicolás Levalle. Se produjeron entre 150 y 330 muertos y más de mil heridos.
Juárez Celman había abandonado la capital, obligado por Roca y Carlos Pellegrini, y regresó tras el fin de la Revolución. Pero, salvo algunos diputados y ministros leales, ya no contaba con ningún apoyo: el expresidente Julio A. Roca y el vicepresidente Carlos Pellegrini le negaron su apoyo, la prensa continuó criticándolo duramente y la situación económica empeoró cada vez más rápidamente. El 6 de agosto presentó su renuncia, que fue aceptada de inmediato por el Congreso, y Carlos Pellegrini asumió la presidencia. Fue así el primer presidente en no completar su mandato después de 29 años.
Carlos Pelegrini (1890 - 1892).
Carlos Enrique José Pellegrini Bevans (11 de octubre de 1846 - 17 de julio de 1906) fue vicepresidente de Argentina y se convirtió en presidente de Argentina del 6 de agosto de 1890 al 12 de octubre de 1892, tras la renuncia de Miguel Ángel Juárez Celman (ver Revolución del Parque). Completó los dos años de mandato que Celman no completó. Fue militar, abogado, periodista, traductor público y político. Previamente fue diputado, senador, ministro de guerra y marina, vicepresidente y presidente.
Durante su corto mandato se enfrentó a una crisis económica y financiera pero su administración logró sanear las finanzas y creó el Banco de la Nación Argentina, el banco nacional de propiedad estatal de Argentina, una medida muy poco liberal, y el prestigioso liceo que lleva su nombre, la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, colegio público de destacado nivel académico, dependiente de la Universidad de Buenos Aires. Tales medidas dieron lugar a una economía muy próspera en los años inmediatamente posteriores, y por tal motivo fue conocido como «el piloto de tormentas».
Los ingresos estatales cayeron un 30% con respecto a la media de los años anteriores, los bancos estaban paralizados, el oro estaba en alza como culminación de un proceso especulativo anterior fruto de la excesiva entrada de capitales foráneos en los años 80.
Durante su gestión se eliminó la censura y el estado de sitio que regía desde el gobierno de Juárez Celman. Fue uno de los primeros políticos que sostuvo una postura industrial para la Argentina, en una época en que el negocio del país era exclusivamente la exportación de materias primas y la importación de productos manufacturados. También fue uno de los primeros partidarios por los derechos civiles de las mujeres en Argentina, solicitando que se les reconociera el derecho a voto político, cosa que no se consiguió hasta la época de Perón, el 23 de septiembre de 1947. Las mujeres argentinas votaron por primera vez el 11 de noviembre de 1951..
Fue el hombre de mayor confianza que tenía Julio Argentino Roca, y ambos trazaron el destino de la llamada Generación del 80. Sin embargo esa fuerte unión se rompió cuando Pellegrini se alejó de Roca hacia 1901, para reclamar una reforma electoral que garantizara el voto secreto y libre.[
Luis Saenz Peña (1892 - 1895).
Luis Saenz Peña (1822 -1907) fue abogado y presidente de Argentina. Graduado en leyes de la universidad de Buenos Aires, fue varias veces diputado y senador, así como miembro de la Corte Suprema de la Provincia de Buenos Aires. Después fue miembro de la dirección de la Academia de Jurisprudencia y ocupó una vocalía en el Consejo General de Educación.
Inició su mandato convencido de que su misión era terminar de salir del Pánico de 1890. Decidió no contraer nuevas deudas, y renegoció las existentes en Londres en forma personal: la situación financiera obligó a los banqueros a aceptar las condiciones impuestas por el ministro de Hacienda, Juan José Romero, que consiguió algunas quitas en el capital y un plazo algo más largo. Para mediados de 1893, la crisis podía considerarse terminada. Desde este punto de vista su corto mandato se puede decir que fue un éxito.
Durante su mandato, el Ministerio de Obras Públicas logró expandir la red ferroviaria, al punto de todas las capitales de provincia —excepto La Rioja— quedaron vinculadas por los rieles. Las ciudades de Buenos Aires, Rosario y Santa Fe terminaron sus puertos, y la capital abrió la Avenida de Mayo,[4] que durante más de medio siglo sería la vidriera de la gran ciudad. Entonces estaba de moda en Europa el urbanismo, derribar barrios de casas viejas y abrir grandes avenidas y bulevares. Buenos Aires quería ser la gran ciudad europea de Sudamérica.
José Evaristo Uriburu (1895 - 1898).
José Félix Evaristo Uriburu (Salta, 19 de noviembre de 1831-Buenos Aires, 23 de octubre de 1914) fue un abogado y político argentino, presidente de la Nación Argentina, entre el 23 de enero de 1895 y el 12 de octubre de 1898.
Carente de un grupo político que lo respaldara, el nuevo presidente dependía enteramente de Roca, por entonces presidente provisional del Senado. No obstante, tenía una experiencia y un sentido político definido, lo cual le permitió llevar adelante un gobierno estable y respetado por la mayoría. Una de sus primeras medidas fue una amnistía para los participantes de las dos revoluciones radicales, la cual le ganó el agradecimiento de muchos de los implicados.
Durante su mandato, iniciado sin los apuros económicos de sus antecesores, se revirtió la tendencia a la baja de los precios agrícolas, que en 1897 alcanzaron el nivel más alto hasta ese momento. Impulsado por un fuerte superávit fiscal, el gobierno inició una etapa de inversiones públicas. Varias obras que habían quedado detenidas desde cinco años atrás se terminaron durante su gestión: tales fueron los casos del Museo Nacional de Bellas Artes en su primera sede en un sector de las Galerías Pacífico; el primer edificio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, que sería demolido en la década de 1930; la Escuela Industrial de la Nación, luego llamada "Otto Krause"; el comienzo de las obras para la construcción del nuevo Palacio del Congreso Nacional, en Buenos Aires, que se inauguraría en 1906.
Alejado el peligro de las revoluciones radicales –especialmente tras las muertes de Del Valle y Alem– y terminadas todas las campañas contra los indígenas, el presidente decidió adaptar el Ejército y la Armada únicamente a las necesidades de los hipotéticos conflictos internacionales posibles. Los cinco años de la crisis habían causado un notable retraso en la actualización del armamento de ambas fuerzas armadas, por lo que Uriburu decidió iniciar un rearme masivo, con la compra de armamento moderno y de varios buques. También ordenó la creación de la Base Naval Puerto Belgrano, cerca de Bahía Blanca.
En octubre de 1895 se sancionó una ley que reglaba la obligatoriedad del servicio en la Guardia Nacional para todos los jóvenes que cumplieran 20 años, como paso previo al servicio militar obligatorio en Argentina.
Julio Argentino Roca (segunda presidencia - 1898 - 1904).
A mediados de 1897, el Partido Autonomista Nacional volvió a presentar a Roca como candidato presidencial. Sin oposición, Roca logró iniciar un segundo mandato regular el 12 de octubre de 1898. Durante su segunda presidencia, se aprobó la Ley de Residencia, que permitió expulsar a algunos dirigentes sindicales argentinos, anarquistas y socialistas no ciudadanos considerados peligrosos para el país.
Durante esta presidencia, se introdujo el servicio militar en 1901 y una disputa fronteriza con Chile se resolvió en 1902 con la firma de los Pactos de Mayo y la erección del Cristo Redentor de los Andes, con la importante colaboración de Ángela de Oliveira Cézar de Costa, hermana de su amante, Guillermina Oliveira Cézar. Luis Drago, ministro de Relaciones Exteriores de Roca, formuló la Doctrina Drago de 1902, que establecía que las potencias extranjeras no podían cobrar deudas públicas a estados soberanos americanos mediante la fuerza armada ni la ocupación de territorio. La deuda externa de Argentina aumentó durante este período, aunque continuó el crecimiento económico. Roca no pudo continuar su dominio político ni nombrar a su sucesor. Su segundo mandato finalizó en 1904 y se considera menos exitoso que el primero.
El pensamiento de Roca se ha asociado con la idea de Juan Bautista Alberdi en torno a una «república posible»: un gobierno republicano, con amplias libertades civiles y económicas, pero con un ejercicio de la vida política restringido a las élites gobernantes. La república posible daría paso a la verdadera república, de carácter plenamente democrático. El ideal de una república posible, con su línea políticamente conservadora, fue una de las fuentes de conflicto político que propició el surgimiento de diversas oposiciones, incluso entre los propios miembros de la Generación del 80.
Durante el siglo XX, Roca fue reconocido como uno de los estadistas que forjaron los cimientos de la moderna república argentina. Como tal, Roca ha sido honrado con la designación de ciudades, departamentos, lagos, calles, avenidas, plazas, monumentos, parques, escuelas y líneas ferroviarias en todo el país. Algunos ejemplos incluyen la ciudad de General Roca en la provincia de Río Negro, la localidad de Presidencia Roca en la provincia del Chaco; la localidad de Presidente Roca en la provincia de Santa Fe; la Colonia Roca en la provincia de Entre Ríos; y el departamento General Roca en la provincia de Córdoba. En Buenos Aires, una importante vía y un ramal ferroviario llevan su nombre, y en 1941 se erigió una estatua ecuestre en su honor.
En los últimos años, se ha reevaluado cada vez más el lugar de Roca en la historia argentina, en particular su participación en la Conquista del Desierto. Algunos grupos afirman que cometió genocidio contra los indígenas argentinos. Quienes consideran a Roca como genocida han propuesto eliminar su nombre de los lugares y zonas con los que se le ha honrado.
Manuel Quintana (1904 - 1906)
Manuel Pedro Quintana (Buenos Aires, 19 de octubre de 1835 - 12 de marzo de 1906) fue un abogado, político y estadista argentino, presidente de la Nación Argentina entre el 12 de octubre de 1904 hasta su fallecimiento el 12 de marzo de 1906, aunque el 25 de enero ya había solicitado licencia por enfermedad, delegando el mando en su vicepresidente José Figueroa Alcorta.
Su presidencia se desarrolla en el ámbito del período denominado la "República liberal" o "República Conservadora", marcado por el gobierno elitista del Partido Autonomista Nacional y el fraude electoral.
El gobierno de Quintana fue una mera continuación de los anteriores: sus políticas exteriores y económicas siguieron los lineamientos de las de Roca; la economía siguió mejorando, impulsada por el aumento del intercambio comercial y se siguió extendiendo la red ferroviaria.
Entre sus gestiones de gobierno cabe destacar la nacionalización de la Universidad de La Plata, la reglamentación del ejercicio de las profesiones liberales, la sanción de la ley de descanso dominical, propuesta por el diputado socialista Alfredo Palacios, y la "Ley Láinez" de creación de escuelas elementales en las provincias.
José Figueroa Alcorta (1906 - 1910).
José María Cornelio del Corazón de Jesús Figueroa Alcorta (Córdoba; 20 de noviembre de 1860- Buenos Aires, 27 de diciembre de 1931), conocido más comúnmente como José Figueroa Alcorta fue un abogado y político argentino, única persona en ejercer la titularidad de los tres poderes del Estado en la Argentina: fue vicepresidente de la Nación (por ende, presidente natural del Senado de la Nación) desde el 12 de octubre de 1904 hasta el 12 de marzo de 1906, presidente de la Nación desde esa fecha (al fallecer el entonces presidente electo Manuel Quintana) hasta el 12 de octubre de 1910 y presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina desde el 19 de octubre de 1929 hasta su fallecimiento, el 27 de diciembre de 1931.
Ante el progresivo deterioro de la salud del presidente Quintana, Figueroa Alcorta asumió la presidencia en forma interina, que acabó siendo permanente el 25 de enero de 1906; la muerte del presidente —el 12 de marzo del mismo año— lo obligó a jurar como presidente titular.
En octubre de 1907, un equipo que perforaba en busca de agua descubrió petróleo en Comodoro Rivadavia, un aislado puerto del Territorio Nacional del Chubut, donde se habían establecido estancieros y colonos bóeres, provenientes de Sudáfrica. No era la primera vez que se explotaba petróleo en la Argentina, ya que entre 1887 y 1897 se habían explotado algunos pozos en la provincia de Mendoza por parte de particulares, pero el descubrimiento de Comodoro Rivadavia tuvo mucha mayor relevancia: no sólo porque se trató de un yacimiento de primera magnitud, sino por haber sido descubierto por una repartición pública en tierras fiscales. El presidente Figueroa Alcorta solicitó al Congreso la reserva fiscal de un gran territorio alrededor del yacimiento, para que el Estado lo explotara en exclusiva. No obstante, el Congreso terminó aprobando –en 1909– la reserva de apenas algo más del 10% de la superficie solicitada. El senador Joaquín V. González llegó a afirmar que la reserva estatal era inconstitucional, dejando en claro un solapado enfrentamiento entre sectores liberales y estatistas en el PAN.
La economía seguía girando en torno a la exportación de carne y granos. Hubo algunos avances tecnológicos, como el comienzo del reemplazo de la carne ovina congelada por la carne vacuna enfriada, que llevaría a la sustitución gradual del ganado ovino por el vacuno. Los frigoríficos enfriadores serían, además, la puerta de entrada de los capitales estadounidenses en la Argentina, iniciando un reemplazo del capital británico que llevaba medio siglo. Por su parte, la exportación de granos siguió creciendo, llegando a ocupar el primer lugar entre las exportaciones al final del período.
Entre 1904 y 1910 los ferrocarriles aumentaron su extensión en casi un 50%, alcanzando los 27.000 kilómetros y extendiendo sus ramales por toda la región pampeana. Mientras gran parte del país, en el norte, en el sur y en el oeste permanecía casi incomunicado y a lomos de caballerías, la fértil región pampeana se iba comunicando cada vez más y mejor gracias a las locomotoras de vapor y la extensión de las vías férreas, con el principal objetivo de sacar las cosechas de granos y las carnes con destino a la hambrienta Europa. Mientras, la gran oligarquía terrateniente se trasladó a vivir a las grandes ciudades, especialmente a Buenos Aires.
Durante su presidencia tuvo lugar uno de los hitos principales en el desarrollo de la telegrafía argentina: el 3 de junio de 1910 se inauguraba el Cable Argentino a Europa Vía Ascensión con un saludo del presidente argentino José Figueroa Alcorta al rey Jorge V de Gran Bretaña.
Pero el acontecimiento más importante de la Presidencia de Figueroa Alcorta fue el primer centenario.
El primer centenario (1910).
El Centenario de Argentina se celebró el 25 de mayo de 1910. Fue el centenario de la Revolución de Mayo, cuando el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros fue derrocado de su cargo y reemplazado por la Primera Junta, el primer gobierno nacional. Y José Figueroa Alcorta decidió celebrarlo a lo grande, con una fastuosa y grandiosa fiesta con invitados internacionales.
El año 1910 se consideró bastante positivo para Argentina, al analizar el siglo pasado en retrospectiva. Ya quedaban lejos muy atrás las guerras civiles y los conflictos bélicos entre unitarios y federalistas. Argentina contaba con un Estado consolidado, sin conflictos internos y con límites nacionales bien definidos. Además, las principales instituciones —ejército, escuelas públicas, correos, entre otras— eran eficientes. Gracias a ellas, el Gobierno pudo avanzar hacia una nación pujante, impulsada por la inmigración, el crecimiento de la agricultura y la ganadería, y el comercio exterior. La gente confiaba en el Estado incluso para mediar en conflictos.
La situación económica de aquel año fue bastante buena. Ya habían pasado las dificultades económicas y financieras del pasado. Sin embargo, habían unas pequeñas nubes en el horizonte. Chile, Brasil y Argentina se enzarzaron en una lucha por la supremacía naval y diplomática de la región. Es lo que se llamó la "diplomacia de los acorazados".
El país ya es una nación donde dominan claramente y con mucha fuerzas familias "aristocráticas": los Taboada y los Rojas en Santiago del Estero; los Posse, los Colombres, los Nougués y los Avellaneda en Tucumán; los Villanueva, los Videla, los Benegas y los Civit en Mendoza; los De la Plaza, los Güemes y los Uriburu en Salta; los Díaz Colodrero, los Pampín y los Torrent en Corrientes y, por último, los Cullen y los Iriondo en Santa Fé. José Posse escribía en 1873:
"La familia Posse es en Tucumán una de las más antiguas y respetadas que tiene el país y, en la actualidad, la que cuenta mayor suma de riqueza acumulada. Entre los miembros de esta familia se cuentan los primeros industriales de Tucumán [...] Además de estos grandes industriales tiene la familia Posse y sus aliados en política un considerable número de cañeros de segundo orden [...] que representan unidos un capital formidable. En el comercio tienen también comerciantes de primer orden y fuertes capitalistas [...] Los Posse y sus aliados dan ocupación lucrativa a millares de personas en la industria cañera [...] Cuentan además con literatos, abogados, médicos, hombres de Estado que han figurado en la prensa, en el gobierno y en los Parlamentos..."
Debe fijarse el lector que José Posse alardea principalmente de dos cosas: de ser una de las familias más antiguas (probablemente de la época colonial) y de tener un patrimonio muy abultado. Se consideraban los auténticos aristócratas criollos, los patricios, los nobles de cuna, los próceres de la patria, a modo y semejanza de los europeos de la época. Y fue a esta clase aristocrática a la que se enfrentó Juan Domingo Perón. Pero antes de eso, en 1910, esta clase social se encargó de organizar los fastos del centenario. Salvo pocas excepciones —como los Cullen, de origen irlandés y de arribo más tardío— la mayoría de sus miembros provenía de las regiones vascas, gallegas y navarras, es decir, del norte de España. Y para evitar la endogamia, buscaron casar a sus hijos con los de familias patricias de otras provincias. Su pertenencia, o su casi inmediata incorporación al funcionariado en la etapa colonial y en la postindependiente, les garantizó un acceso privilegiado a los espacios de toma de decisiones, usufructuándolos en beneficio propio. La función pública no inhibió a sus integrantes para probar fortuna en actividades privadas: circuitos mercantiles, cría de ganado, explotación de tierras, etc., negocios que redundaron en un incremento de su patrimonio familiar, tanto metálico como territorial, sin alcanzar por ello la envergadura de sus pares bonaerenses.
El voto al principio era censitario y masculino, y además había que inscribirse previamente, lo cual equivalía a un doble esfuerzo, primero había que hacer el esfuerzo de la inscripción y después el de votar. El certificado de inscripción no llevaba foto, por lo que si el votante lo perdía, cualquiera que lo encontrase podía votar, incluso dos veces, si estaba habilitado para ello, es decir, la vez propia y la ajena. En Buenos Aires, por ejemplo, sólo el 3% de la población total sufragaba, acercándose al 10% de los habilitados para hacerlo en las décadas del sesenta y setenta. Se esttima que en el resto del país era similar. Y cuando, con el trascurso de los años, se fue ampliando la base electoral, se compraban los votos con dinero (un peso, un voto). Había pues fraude electoral. Era una democracia limitada, y la gente no buscaba expresar su opinión en las urnas.
Otro de los problemas fue garantizar autoridades de mesa adictas. El club faccioso en el poder lo lograba con mayor facilidad y menores costos en la medida que controlaba a una de las piezas claves: el juez de paz. Además, contaban con el apoyo de la policí y el ejército, que supervisaban el trascurso de la jornada electoral y el posterior recuento de votos. A veces incluso se robaban y destruían las urnas para que no se contaran los votos que contenían. Habían otras manipulaciones electorales, tales tergiversar o eludir las reglamentaciones electorales, falsificar registros cívicos, rechazar a electores inscriptos, aceptar a aquéllos de calidad dudosa pero de adhesión comprobada, permitir la votación reiterada, suspender arbitrariamente el comicio, crear mesas paralelas, sustraer las urnas, etc. La legitimidad del sistema político, que se decía democrático, estaba gravemente cuestionada. La república argentina era oligárquica, es decir, en realidad mandaban unos pocos, aunque se vistiera de ropajes democráticos. La clase patricia era la auténtica clase dominante.
En este contexto, solo se necesitaba una crisis económica para desencadenar un intento revolucionario. Copipasteo de wikipedia lo más significativo:
"En 1889 Argentina estaba convulsionada por una grave crisis económica que se había prolongado por dos años, y había causado una brusca caída de los salarios, un aumento de la desocupación y un reguero de huelgas nunca antes visto. El estado argentino estaba recién constituyéndose, en una época en donde las élites conservadoras vivían del poder y se concentraban en un régimen oligárquico, que desamparó a los estratos sociales más débiles de la Argentina y no permitía el voto popular, habiendo una seguidilla de malos intentos por parte de la escasa oposición para lograrlo. La presidencia del general Julio Argentino Roca (1880-1886) fue sucedida por la de su cuñado, Miguel Juárez Celman, cuyo gobierno se caracterizó por las denuncias de corrupción y autoritarismo; sus opositores llamaban a esa gestión como el Unicato".
Copipasteo de La Revolución del Parque:
La Revolución del Parque, también conocida como Revolución de 1890, fue una insurrección cívico-militar producida en la Argentina el 26 de julio de 1890 dirigida por la recién formada Unión Cívica, liderada por Leandro Alem, Bartolomé Mitre, Aristóbulo del Valle, Bernardo de Irigoyen y Francisco Barroetaveña, entre otros. La revolución fue derrotada militarmente por el gobierno pero llevó a la renuncia del presidente Miguel Juárez Celman y su reemplazo por el vicepresidente Carlos Pellegrini.
En el paraíso socioeconómico que recibía a miles de inmigrantes de la hambrienta Europa cada mes habían grises: las cargas y los beneficios sociales estaban mal repartidos. Si bien la Unión Cívica Radical llegó en el siglo XX al poder en ocho ocasiones, con las presidencias de Hipólito Yrigoyen (1916-1922 y 1928-1930), Marcelo T. de Alvear (1922-1928), Agustín P. Justo (1932-1938), Roberto M. Ortiz (1938-1942), Arturo Frondizi (1958-1962), José María Guido (1962-1963), Arturo Illia (1963-1966), Raúl Alfonsín (1983-1989) y Fernando de la Rúa (1999-2001), nació como un movimiento / partido revolucionario.
En el período 1880-1916, la economía argentina experimentó un crecimiento tal que la llevó desde una posición marginal a convertirse en una promesa destinada a ocupar en América del Sur el lugar que los Estados Unidos tenían en América del Norte. Si bien lo ocurrido en el resto del siglo terminó por desestimar tan favorables pronósticos, en aquellos años no había dudas sobre el porvenir de gloria que le esperaba al país. Y la realidad parecía demostrarlo; en los treinta y seis años que siguieron a 1880, mientras la población se triplicaba, la economía se multiplicó nueve veces. El producto bruto interno creció, en ese período, a una tasa del 6% anual. Más aún, el producto per cápita lo hizo a aproximadamente un 3%, un dato todavía más revelador dada la cantidad de inmigrantes que llegaron, por entonces, al país. Estas cifras resultaban inusuales para esa época, en que la economía mundial crecía a un ritmo más modesto que lo que hemos estado acostumbrados a ver desde la segunda posguerra. En efecto, el crecimiento del producto per cápita en la Argentina superaba, aunque levemente, al de los Estados Unidos —el ejemplo más llamativo de prosperidad de la época— y holgadamente al de Francia, Gran Bretaña y Japón. Es decir, crecía la población pero también el producto per capita.
La clave del crecimiento fue el aumento de las exportaciones agrícolas, pero supuso una integración total del país en el capitalismo y el comercio internacional. Exportaba productos agropecuarios e importaba productos industriales, pero otros países como Gran Bretaña o Alemania hacían lo contrario: importaban productos agropecuarios y exportaban productos industriales. Había, pues, una especialización internacional en la economía. Entonces se produjo la Segunda Revolución Industrial. Por una parte se sustituyó parte de la producción de hierro, que quedó solo para aquellos productos y procedimientos industriales que no necesitaban el acero, lo que llevó a una industria siderúrgica más importante, con acerías cada vez más grandes. Por otras parte, del lado de las fuentes energéticas, se empezó el proceso de sustitución del carbón por el petróleo, y se electrificó el mundo. La invención del motor de combustión, aplicado tanto al transporte terrestre, como al aéreo y al marítimo, fue sustituyendo al carbón de las locomotoras a vapor. Por último, se crearon las cadenas de montaje (fordismo y taylorismo). Argentina quedó fuera de todas estas innovaciones.
Pero la Segunda Revolución Industrial afectó a la Argentina, al igual que al resto de los países de la América hispana, de dos maneras diferentes:
- el exceso de población europea emigró;
- el exceso de capitales europeos emigró.
La industrialización en las economías más dinámicas, por otro lado, produjo excedentes de capital que, ante la disminución en la tasa de rentabilidad que la saturación productiva generaba en sus propios mercados, estaban ansiosos por migrar hacia donde se le ofreciera una ganancia mayor. Esto pasaría después de 1945 con los Estados Unidos, pero entre 1870 y 1914 la situación en el gran país de América del Norte era justamente la opuesta y muy similar a la de Argentina: recibía capitales e inmigrantes de la vieja Europa.
La migración de trabajo y de capital requería un cierto marco de orden político y jurídico en los lugares de recepción, que protegiera vidas, propiedades y emprendimientos. En ciertas áreas, como ocurrió en gran parte de Asia y de África, el dominio colonial europeo aseguró este marco a través del control militar y político directo. En el caso de los países independientes de América Latina, la formación de los Estados centrales —que puso fin a las guerras civiles que siguieron a la independencia— brindó este contexto.
A mediados del siglo XIX, la inserción de la Argentina en el mercado capitalista mundial era débil, dato que no resulta sorprendente al tener en cuenta que estaban ausentes las condiciones para lograrla; el país, en verdad, no tenía ni capitales ni población suficiente como para producir bienes exportables en gran escala. El país está y estaba situado en una "esquina" del mundo en el hemisferio sur, el menos poblado de los dos, en un rincón alejado de los centros productivos más importantes del hemisferio boreal. Más aún, ni siquiera había un Estado central que pudiera ofrecer el orden político necesario para recibir estos factores escasos. Este orden finalmente llegó después de un largo, costoso y complejo proceso que comenzó a gestarse con la batalla de Caseros, en 1852, y culminó en 1880, cuando las tropas del gobierno central vencieron a la última rebelión provincial. En este proceso, el Estado en formación comenzó a garantizar la seguridad jurídica, la propiedad privada y el movimiento libre de capitales, con lo que llegaron las inversiones extranjeras y los inmigrantes.
Sin embargo, Argentina tenía un factor productivo muy importante: una gran extensión de tierra agrícola muy fértil y llana y un clima bastante húmedo favorable a la producción. La alta fertilidad de la tierra hacía que se pudieran obtener grandes producciones primarias a un coste muy bajo. Ya hemos visto, aunque muy brevemente, la mal llamada Conquista del Desierto, pero después se produjo la ocupación de la región del Chaco, en el norte, y de la Patagonia, en el sur, hasta completar la totalidad del territorio nacional. Sin embargo, cuanto más al sur y más al norte, la productividad de la tierra fue bajando. La zona más importante siguió siendo la zona central. El país fue tan exitoso que entre 1880 y 1913 el precio promedio de la tierra en la zona pampeana se multiplicó por diez.
Pero la abundancia de tierras no será, por si misma, un factor suficiente. Para que la ocupación y explotación efectiva de la tierra tuviera lugar operaron las malas condiciones de los superpoblados países europeos y los incentivos que ofrecía la Argentina, básicamente una favorable diferencia de salarios y las posibilidades de movilidad social que ofrecía un país nuevo.
Tenemos, pues, dos factores: tierras abundantes y fértiles y una población inmigrante dispuesta a explotarla. Pero había que llevar la producción hasta los puertos y cargarla en los barcos que la exportaban. Los barcos no eran un problema, pues debido a la movilidad de los mismos, podían ser extranjeros. Pero Argentina carecía de capitales importantes. se necesitaban capitales extranjeros. Argentina ofrecía una buena seguridad jurídica. La Argentina, en efecto, había vivido durante buena parte
de la primera mitad del siglo XIX en medio de una atroz guerra civil donde las confiscaciones, la arbitrariedad y la ausencia de la ley habían sido una constante. En esa atmósfera, ni siquiera las instituciones gubernamentales despertaban confianza. La Constitución de 1853 fue la base para lograrlo, al establecer el carácter sagrado de la propiedad privada y prohibir expresamente la confiscación. La seguridad que brindaba la ley, sin embargo, no eliminaba los riesgos del mercado. Fue el naciente Estado el que, con el objetivo de atraer inversiones, los disminuyó ofreciendo garantías de rentabilidad a los inversores.
El Estado argentino fue el primero en ofrecer seguridad y rentabilidad. Seguridad porque garantizaba la devolución del préstamo con sus propios ingresos, y rentabilidad porque los bonos argentinos ofrecían una rentabilidad mayor que la que ofrecían los británicos.
La gran mayoría de los capitales provenía de Gran Bretaña, que conservaría por varias décadas ese papel predominante en el conjunto de las inversiones extranjeras en la Argentina. Así como compraron los primeros bonos del Estado, los ingleses también iban a invertir su capital en las vías de transporte que la producción necesitaba para poder comercializarse y exportarse: los ferrocarriles. La rentabilidad de las primeras inversiones ferroviarias extranjeras estuvo garantizada —como los bonos— por el Estado que, durante la mayor parte del siglo XIX, les aseguró una ganancia (que generalmente rondaba el 7%) sobre el capital invertido. Como premio adicional, a algunas empresas se les cedió una amplia ex-
tensión de tierra al costado de las vías, que éstas transformaban en un negocio inmobiliario a partir de su venta. Esta compensación en tierras resultó cada vez más importante debido al aumento del precio de las tierras.
La inversión en ferrocarriles tuvo una doble virtud:
- acercar tierras fértiles a los puertos, lo que posibilitó la explotación de tierras cada vez más alejadas, así como bajó el coste de transporte de las más cercanas.
- la aparición de nuevos productos exportables, como la carne vacuna refrigerada o congelada.
El Estado nacional, por otro lado, continuó construyendo ferrocarriles en las zonas donde el capital privado no quería aventurarse, como ocurría en buena parte del Noroeste, de la región chaqueña y de la Patagonia. Dado su carácter "de fomento" (como entonces se los llamaba), estos ferrocarriles se construían con la más económica trocha angosta, que hacía los viajes más lentos y fatigosos, pero cuya extensión representaba, hacia 1916, un 20% del total. En esa fecha, el sistema ferroviario había superado los 34.000 kilómetros, una cifra mayor que los 25.000 de México y los 22.000 del Brasil, aunque mucho menor que el estadounidense, que alcanzaba los 350.000 kilómetros. Desde entonces, la expansión ferroviaria se desaceleró y entró en el estancamiento. Sólo la concreción parcial de algunos proyectos
gubernamentales (como el ferrocarril que cruzaba los Andes en Salta) posibilitó la construcción de nuevas vías. El capital privado no se aventuró más, pues el fin de la expansión de los ferrocarriles mostraba que se había llegado a los límites de la frontera productiva rentable.
Los británicos invirtieron, a la vez, en tierras, comercio y hasta industria. Pero fueron los bonos del Estado y los ferrocarriles los que acapararon su atención. También invirtieron, aunque en un grado mucho menor que Gran Bretaña, otros países europeosmcomo Francia (además de los ferrocarriles mencionados, lo hizo en el puerto de Rosario), Alemania (que ejercía una posición dominante en la provisión de electricidad), Bélgica e Italia. A principios de siglo comenzaron a llegar capitales norteamericanos. Aunque todavía en 1914 sus inversiones eran cuarenta veces menores que las británicas, mostraron un dinamismo que las iba a llevar a convertirse, avanzado el siglo XX, en las principales del país. En un principio, el grueso de ellas se centró en bonos estatales, repitiendo lo que había sucedido con los ingleses varias décadas atrás y mostrando la precaución con que el capital se maneja frente a un mercado nuevo. A la vez, los norteamericanos invirtieron en una operación más riesgosa, aunque potencialmente más prometedora: los frigoríficos. Estas empresas permitían el procesamiento de vacunos con destino a la exportación, pero de unos animales que eran muy distintos de los que habían poblado las pampas desde la época colonial: el vacuno sustituyó al ganado lanar.
El principal comprador de carne argentina era Gran Bretaña, donde este alimento se fue popularizando cada vez más gracias a los bajos costos con que el producto salía de las pampas. Esta orientación hacia la venta externa transformó las razas bovinas utilizadas por los productores. El vacuno criollo, flaco y con cuernos, fue reemplazado por animales refinados —como los de la raza Shorthorn— que se importaban de Inglaterra pues su carne era más tierna y grasosa y, por ende, más apta para el consumo europeo. En un principio la carne se enviaba congelada, resultado de un proceso con mucho nivel de frío que conservaba la frescura del producto pero que, al descongelarse, le quitaba parte de su sabor y poder nutritivo. El perfeccionamiento de las técnicas llevó al enfriado, por el cual la carne se mantenía a un frío menor, pero lo suficiente como para cruzar el Atlántico y mantenerse más cerca del sabor y las virtudes originales. Estos frigoríficos exportadores emplearon a miles de argentinos.
Los productos que exportaba el país a principios del siglo XX, eran trigo, maíz, lino, carne vacuna y lana. Eran pocos productos pero la cantidad exportada era enorme. En 1910, el país se había convertido en el tercer exportador mundial de trigo del mundo, lejos del primero —Rusia—, pero no tanto del segundo —los Estados Unidos—. En otros productos, como la carne y el lino, su posición en el mercado mundial era todavía más significativa. Fueron las épocas en que la Argentina comenzó a ser llamada "el granero del mundo" y en que su carnense convirtió, junto con su fama, en una verdadera marca del país.
El sector industrial estaba, al contrario que el agropecuario, tremendamente protegido del exterior con tremendas barreras arancelarias. Argentina fue incapaz de desarrollar una industria competitiva a nivel internacional, por lo que protegió su escasa industria contra la competencia exterior. De todos modos, el país se vio obligado a importar productos que era incapaz de producir por si mismo, como automóviles, aviones, maquinaria industrial o agrícola.
El Centenario se celebró por todo lo alto, con invitados internacionales de postín, con el encendido de 70.000 focos de colores que asombró al público porteño. Entonces argentina era el país más rico de toda la América de habla española y los porteños ricos eran la cumbre del país. Consideraban su ciudad como la parís de Sudamérica y se consideraban iguales a los neoyorquinos. Jugaban al polo, eran miembros del Jockey Club, jugaban al tenis, iban al teatro y a la ópera (teatro Colón), eran la cumbre de la sociedad. Ninguna nube en el horizonte se divisaba. ¿O si? Habían problemas sociales y clases marginadas.
Roque Saenz-Peña (1910 - 1914).
Roque Saenz-Peña fue presidente de la nación entre el 12 de octubre de 1910 hasta el día de su muerte el 9 de agosto de 1914. Fue hijo del antiguo presidente Luis Saenz-Peña pero sobre todo, es conocido por la ley electoral aprobada en 1912 que es popularmente conocida como Ley Saenz-Peña. que sancionó el derecho al sufragio universal, secreto y obligatorio para los ciudadanos nativos y naturalizados mayores de los 18 años de edad -aún cuando la mayoría de edad estaba establecida en ese momento en 22 años-, que estuvieran inscriptos en el padrón electoral, confeccionado con los datos provenientes del servicio militar obligatorio. Esto último impidió que votaran las mujeres hasta 1947, aunque la ley Saenz-Peña no prohibió el voto femenino en concreto.
Su política siguió siendo continuista. Durante su mandato se inauguró el primer subterráneo en Buenos Aires, y se terminó la monumental Estación Retiro. También se produjo la construcción de gran cantidad de ramales ferroviarios, que permitieran el establecimiento de su población hacia el interior. Se construyeron ramales en los territorios nacionales del Chaco, Formosa, Río Negro, Chubut y Santa Cruz; e incluso llegó un ramal ferroviario a Posadas, capital de Misiones. La iniciativa privada no quiso construir líneas férreas con destino a estas ciudades poco pobladas y que no eran rentables, por lo que el estado tomó una actitud subsidiaria de la iniciativa privada. El objetivo del estado era integrar estos territorios poco poblados a la nación.
En junio de 1912 estalló un gran movimiento de protesta de los chacareros arrendatarios contra el empeoramiento de las condiciones de sus contratos con los propietarios de los campos que trabajaban, conocido como Grito de Alcorta. El mismo se extendió por toda la región pampeana y terminó con una masiva baja de los arrendamientos. Marcó la irrupción de una porción de la clase media rural, formada por los chacareros, en la política nacional del siglo XX. Pero al mismo tiempo inició una tendencia gradual a la administración propia de los campos por los propietarios, que comenzaron a considerar peligrosa la presencia de arrendatarios.
Victorino de la Plaza (1914 - 16).
Victorino de la Plaza fue un abogado, militar y político argentino, Presidente de la Nación Argentina entre el 9 de agosto de 1914 y el 12 de octubre de 1916. Fue el último de los presidentes del llamado Período Conservador, que se había iniciado en 1880. Antes fue el vicepresidente del anterior presidente, Roque Saenz-Peña y asumió la sustituyó a su muerte completando su mandato de seis años. Sin embargo, en realidad asumió las funciones de presidente el 6 de octubre de 1913.
Victorino de la Plaza era especialista en finanzas. Durante su mandato, se creó la Caja Nacional de Ahorro Postal y se sancionaron las leyes de Accidentes de Trabajo y de Casas Baratas para empleados y obreros, llamada Ley Cafferata por su inspirador, el diputado Juan Félix Cafferata. Se inauguró el primer ferrocarril eléctrico de Sudamérica, que une hoy la ciudad de Buenos Aires con Tigre. Implementó la Ley Sáenz Peña de voto universal, secreto y obligatorio. En medio de la crisis económica, de la incertidumbre por la guerra y de la desazón del gobierno por la derrota conservadora frente a la Unión Cívica Radical, él mismo festejó el Centenario de la Declaración de la Independencia. Durante los festejos, el presidente recibió un ataque con arma de fuego por un militante anarquista, del cual resultó ileso. El final de su mandato político coincidió con los primeros meses de la Primera Guerra Mundial.
El inicio de la Primera Guerra Mundial tuvo una repercusión inesperada para la Argentina. Pocos días antes del comienzo de la guerra, representantes de las potencias europeas retiraron todo el oro que pudieron de la Caja Nacional de Conversión, alrededor de 28 millones de pesos,y lo embarcaron hacia sus países. Como consecuencia, el público inició una corrida bancaria, a la que el presidente respondió con el cierre indefinido de la Caja. De ese modo se inició el período de inconvertibilidad del papel moneda, que a su vez perdió no menos del 10% de su valor.
La situación económica del país fue duramente afectada por la guerra: sólo en 1915, las rentas nacionales cayeron en un 40%. Las naciones beligerantes utilizaron casi todas sus marinas mercantes para la contienda, y además sus flotas atacaron buques mercantes enemigos, con lo que las exportaciones argentinas se hicieron más complicadas. Más notablemente aún, las importaciones de bienes industriales sufrieron una abrupta caída, lo cual –sumado a la inconvertibilidad– generó un rápido aumento del valor de los bienes industriales, lo que a su vez generó una oportunidad única para la industria nacional. Se trataba de un proteccionismo de hecho. El resultado fue un enorme crecimiento del número de talleres industriales y de la producción industrial. La industria metalúrgica, en particular, tuvo un crecimiento explosivo. No obstante las limitaciones de capital, el impulso estatal sobre los ferrocarriles logró llevarlos a 33.595 km. Y, a pesar de las limitaciones, las exportaciones de carne siguieron en ascenso, pasando de 389 millones de pesos oro en 1910 a 574 en 1916. La exportación de granos, en cambio, tuvo una brusca caída. En suma, la economía en su conjunto tuvo una baja del 10% en 1914, y creció muy lentamente durante el resto de la Guerra.
Hipólito Yrigoyen (Primera Presidencia 1916 - 22).
Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen (Buenos Aires, 12 de julio de 1852-Buenos Aires, 3 de julio de 1933), conocido como Hipólito Yrigoyen, fue un político y estadista argentino, dos veces presidente de la Nación Argentina (1916-1922, 1928-1930) y una figura relevante dentro de la Unión Cívica Radical. Fue el primer presidente argentino elegido por medio del sufragio secreto y obligatorio masculino (el voto femenino se utilizó por primera vez en 1951) según la Ley Sáenz Peña de 1912.
Fue un conocido revolucionario y participó en la Revolución de 1874, encabezada por Bartolomé Mitre. Fue elegido diputado provincial en dos ocasiones, para el período 1878 a 1880 y diputado nacional de 1880 a 1882, este último período interrumpido por la federalización de Buenos Aires. Participó en las fallidas revoluciones de 1890 y 1893, contra el régimen roquista. Fue uno de los fundadores de la Unión Cívica en 1890 y la Unión Cívica Radical en 1893, bajo la conducción de su tío Alem. Frente al fraude electoral sostuvo una política de abstención electoral y en 1905 lideró un tercer alzamiento armado que volvió a ser derrotado. En 1910 negoció con el presidente Roque Sáenz Peña la ley de sufragio secreto y obligatorio masculino, bajo cuyas reglas fue elegido presidente de la Nación en 1916.
Fue el primer presidente en mantener una línea nacionalista, convencido de que el país tenía que manejar su propia moneda, su crédito, y, sobre todo, el control de sus transportes, de sus redes de energía, y de la explotación petrolera. Para ello proyectó un Banco Central estatal, que sin embargo no fue creado en Argentina hasta 1935 bajo el gobierno de Agustín Pedro Justo, para así nacionalizar el comercio exterior, manejado por las exportadoras de cereales, fundó YPF y dictó controles a las concesiones de empresas extranjeras que manejaban los ferrocarriles. Además de la defensa del patrimonio nacional, Yrigoyen procuró contener el expansionismo de los grandes grupos económicos extranjeros que actuaban en el país. Frente a la agresiva política intervencionista de Estados Unidos en América Latina, defendió el principio de la no intervención.
La expansión económica que experimentó la Argentina durante el periodo conocido como república radical (1916-1930), con una expansión promedio anual del 8,1 %, sigue siendo hasta hoy en día uno de los ciclos de mayor crecimiento económico en la historia argentina. Sin embargo, Yrigoyen debió enfrentar en la Argentina los problemas derivados de la Primera Guerra Mundial. Su política fue mantener la neutralidad, que implicaba en términos económicos continuar con el abastecimiento de los aliados, clientes tradicionales. Las naciones en guerra demandaban alimentos baratos, como algunos artículos industriales tales como frazadas y carne enlatada, cuyas exportaciones se triplicaron durante el periodo 1914 a 1920. Se estancaron, en cambio, las exportaciones de maíz y carne refrigerada (demejor calidad que la enlatada). A su vez se frenaron las importaciones de manufacturas industriales que antes se producían en Europa, ya que los países participantes de la contienda centraron sus recursos en la industria bélica. Este hecho hizo que empezaran a surgir industrias para producir aquellos productos que antes se importaban. Entre 1914 y 1921 creció el comercio con Estados Unidos, ya que Inglaterra y los demás países europeos no tenían nada que ofrecer a la Argentina.
Durante el periodo de la hegemonía conservadora previo, las concesiones a los ferrocarriles británicos fueron en muchos casos abusivas, ya que muchos directivos de estas empresas eran importantes políticos y legisladores. Se llegó a pactar secretamente concesiones en Londres por 40 años.
En materia ferroviaria se dictaron rigurosos controles a los ferrocarriles en manos de los británicos, sobre todo en lo que respectaba a tarifas y fijación de cuentas capitales, ya que estas empresas mantenían una falsa contabilidad que les permitía declarar bajas ganancias y altos costos. Además se dio impulso a la obra de Ferrocarriles del Estado, buscando la salida al Pacífico para facilitar el transporte de las producciones del noroeste y suroeste —centro— del país para llegar a Perú, Chile y Bolivia. La concesión fue anulada en 10.000 km de vías en construcción. A raíz de la huelga de ferroviarios de 1917, las patronales le aconsejaron a Yrigoyen reemplazar a obreros por maquinistas de la marina, pero el presidente se negó.
Durante la primera presidencia de Yrigoyen también se promulgaron diversas reformas. En 1918, se promulgó una ley que fijaba las condiciones del trabajo a domicilio, disponiendo que "el salario mínimo para dicho trabajo será fijado por comités mixtos de empleadores y empleados". En 1919, se aprobó una ley que establecía la construcción de viviendas para trabajadores a precios razonables, mientras que en 1921 se fijó por ley un aumento máximo de los alquileres para hacer frente a un aumento exorbitante de los mismos. Una ley de asentamientos familiares de 1917 preveía concesiones de 500 acres de tierras públicas en los extremos norte y sur, mientras que, a partir de 1919, se autorizó al Banco Hipotecario Nacional a poner fondos a disposición de agricultores sin tierra para la compra de propiedades rurales. En 1921 se aprobó una ley de alquileres que "detallaba los derechos y limitaciones de los contratos de alquiler y las condiciones laborales". En 1919 se modificó el plan de pensiones de los trabajadores ferroviarios, que fue modificado nuevamente en 1921 "para crear un fondo para construir viviendas para los ferroviarios y, de esa manera, ayudar a aliviar la marcada escasez de viviendas decentes y asequibles". Una ley de 1921 prohibió la fabricación, venta e importación de fósforos que contuvieran fósforo blanco o amarillo. Se fundaron más de 3.000 nuevas escuelas mientras se combatía el analfabetismo, y el gobierno ayudó a establecer una extensa cooperativa de consumidores para los empleados de los ferrocarriles estatales. Se firmó un decreto presidencial sobre el trabajo de mujeres y niños. De acuerdo con este decreto, «todos los salones de tiendas, almacenes, sombrererías y demás establecimientos comerciales deben contar con sillas con respaldo, en número igual a dos tercios de las trabajadoras empleadas». En 1921 se creó un fondo para pensiones de vejez, invalidez y sobrevivientes para el personal que trabajaba en diversos servicios públicos propiedad de corporaciones extranjeras, junto con quienes trabajaban en hospitales y clínicas. Se llevaron a cabo diversas iniciativas de salud pública. Por ejemplo, la Ley 10.998 del 21 de octubre de 1919 autorizó a la Junta de Obras Sanitarias de la Nación a construir obras de agua y alcantarillado en todas las localidades de la República con más de 8.000 habitantes. Según un mensaje presidencial de 1921, «El Poder Ejecutivo ha dedicado su mayor cuidado al desarrollo de los servicios de asistencia social, procurando constantemente que se ajusten a las necesidades de la población. Dentro de los limitados recursos de que dispone, su acción ha sido rápida, tendiendo a reducir los males que aquejan a los necesitados, concurriendo en algunos casos con la ayuda solicitada, recurriendo a otros medios de ayuda a la población y ampliando la capacidad de los establecimientos hospitalarios con los elementos esenciales para su normal funcionamiento».
Marcelo Torcuato de Alvear (1922 - 28).
Máximo Marcelo Torcuato de Alvear Pacheco fue un abogado y político argentino perteneciente a la Unión Civíca Radical de tendencia liberal, que se desempeñó como embajador en Francia, diputado y presidente de la Nación Argentina entre el 12 de octubre de 1922 y la misma fecha del año 1928. Fue parte de la familia Alvear, de la que varios de sus miembros han ocupado importantes lugares en la historia argentina a lo largo de décadas. Marcelo era hermano de Carlos Torcuato de Alvear, hijo de Torcuato de Alvear, ambos intendentes de Buenos Aires, y nieto de Carlos María de Alvear. Participó activamente de las revoluciones radicales acontecidas en los años 1890 y 1893, integrándose en la Unión Cívica que daría origen a la Unión Cívica Radical, siendo uno de los miembros de la aristocracia argentina integrado a las tareas de un partido popular. Allí trabó amistad con personalidades como Leandro N. Alem e Hipólito Yrigoyen, siendo secretario del primero y padrino de armas del segundo.
Su periodo de gobierno comenzó justo cuando terminaba la crisis mundial de la posguerra, lo cual permitió mejorar la economía y las finanzas sin mayores contratiempos. La economía argentina alcanzó durante su gobierno la situación más próspera que jamás haya tenido en su historia: el PIB por habitante para 1928 alcanzó el sexto puesto entre los más altos del mundo, y la renta aumentó en casi 100.000.000 pesos oro. Además, durante tres años el intercambio comercial había sido positivo. Estas condiciones se dieron fundamentalmente gracias al favorable frente externo: la reactivación posterior a la Primera Guerra Mundial produjo que los países europeos compraran las cosechas argentinas. Por ello, el gobierno de Alvear se centró en las políticas agroexportadoras, sobre todo en carnes y cereales. Hubo un gran crecimiento en las áreas sembradas con cereales, especialmente en la pampa húmeda. Para 1925, Argentina cubría el 72 % de la exportación mundial de lino, el 66 % del maíz, el 50 % de la carne, el 32 % de la avena y el 20 % del trigo y harina. También aumentaron exponencialmente aquellos cultivos industriales como el algodón, que pasó de 2.000 hectáreas en 1914, a 122.000 en 1930. Además, creció el área sembrada de yerba mate, maní, arroz, vid, caña de azúcar y tabaco. Por otro lado, el gasto público total ascendió del 8,5 % en 1920, al 13 % en 1929, con lo que el déficit de la administración nacional llegó a superar el 4 % del producto bruto. Pese a los favorables indicadores económicos, su gestión despertó críticas entre los yrigoyenistas, quienes pensaban que Alvear no seguía el legado de Yrigoyen, al no intentar restituir aquellas tierras fiscales ocupadas al Estado nacional, o al no nacionalizar el petróleo. El 23 de diciembre de 1925 entró en funcionamiento la gran refinería fiscal ubicada en La Plata. El coronel Enrique Mosconi fue seleccionado Director de la empresa, y durante los ocho años en que permaneció al frente, llevó la empresa estatal a un progreso y continuo desarrollo extraordinario. La deuda pública externa creció notoriamente en comparación a la gestión radical anterior; para 1928 había llegado a los 1.763.000.000 de pesos por imperativo de los empréstitos estadounidenses contraídos durante el lustro alvearista. En 1923 se sancionó la ley que obligaba poner el rotulo de industria Argentina a todas las manufacturas de fabricación nacional.
El ministro de Agricultura Tomás Le Breton dio un gran impulso a la investigación científica aplicada a la producción agraria. Fue especialmente importante la contratación de especialistas extranjeros como Thomas Bregger y William Backhouse para el mejoramiento genético del trigo y el maíz en Pergamino. Asimismo fue decisiva su acción para promover el cultivo del algodón en el Chaco.
Además del crecimiento en el agro, también se propagó —aunque en menor medida— el desarrollo industrial, instalándose en 1922 la primera planta de producción automotriz Ford de Latinoamérica, con una inversión de 240 000 dólares para su construcción. Tan solo un año después, la estatal YPF instaló el primer surtidor de nafta, en la esquina de Bartolomé Mitre y Rosales, en la ciudad de Buenos Aires. En 1925 salió a la venta el popular Ford T; a los dos años la producción llegó a las 100 000 unidades. En 1923 Hampton y Watson alquilaron un galpón en la calle Garay, y al año siguiente comenzaron a producirse las primeras unidades del automóvil Doble Phaeton de la General Motors Argentina. Durante la gestión de Alvear fue muy notable el crecimiento del parque automotor, tanto por la fabricación de los automotores como por su importación: en 1920 había en Argentina 48.000 automotores, un promedio de 187 habitantes por automotor; para 1930 había aumentado a 435.822 unidades, a un promedio de 27,6 habitantes por automotor. Ejemplo del crecimiento automotriz fue la producción de Ford: la empresa logró vender en sus primeros nueve meses 6.663 unidades.
A partir de 1925, se produjo un enorme aumento de las inversiones extranjeras procedentes de Estados Unidos, realizadas a través de empresas relacionadas con la industria de la refrigeración, con organizaciones de distribución y producción de energía, y bienes de consumo. Esta repentina "invasión" de capital estadounidense generó competencia con el capital del Reino Unido. Esta rivalidad se reflejó en áreas como el transporte, ya que los productos automotrices exportados desde Estados Unidos competían con los ferrocarriles británicos. Pero la competencia con las empresas de refrigeración vinculadas a estos dos países también se intensificó. Estos conflictos provocaron el deterioro de las relaciones con los británicos.
Hipólito Yrigoyen (Segunda Presidencia 1928 - 30).
Esta segunda presidencia de Hipólito Yrigoyen fue la primera que finaliza por un golpe de estado, el primero en el país.
En diciembre de ese año, el presidente electo de Estados Unidos, Herbert Hoover, visitó Argentina en una gira de buena voluntad, donde se reunió con el presidente Yrigoyen para hablar sobre políticas comerciales y arancelarias. Elementos anarquistas radicales intentaron asesinar a Hoover colocando una bomba cerca de su vagón de tren, pero el atacante fue arrestado antes de que pudiera completar su tarea. El presidente Yrigoyen acompañó a Hoover posteriormente como garantía personal de seguridad hasta que abandonó el país.
En política nacional, se introdujeron reformas adicionales durante la segunda presidencia de Yrigoyen. El 12 de junio de 1929, Yrigoyen autorizó la financiación para la creación de escuelas primarias en todo el país (4.514.470 pesos para la creación de escuelas primarias en Buenos Aires, las provincias y los territorios nacionales). Una ley del 29 de agosto de 1929, que entró en vigor el 12 de marzo de 1930, estableció la jornada laboral de ocho horas y la semana laboral de cuarenta y ocho horas para todos los empleados y obreros asalariados. Una resolución aprobada el 7 de agosto de 1929 añadió un registro al Ministerio de Agricultura, cuyo propósito, como señala un estudio, era «recopilar y distribuir información sobre tierras agrícolas, como precios, distancia a importantes mercados y centros ferroviarios, y otros datos de interés para los propietarios de fincas y otras personas que desearan adquirir tierras».
En 1929 se produjo la Gran Depresión, que afectó drásticamente al mundo entero. El radicalismo comandado por Hipólito Yrigoyen no supo responder a los efectos de la crisis. En plena crisis económica y política, y cuando aún faltaban cuatro años para las elecciones presidenciales, la debilidad del gobierno de Yrigoyen se hizo crítica. El radicalismo estaba completamente dividido y el gobierno no tenía diálogo con la oposición.
Tras la Gran Depresión, la presidencia de Yrigoyen llegó a su fin debido a conspiraciones de facciones rivales que aprovecharon las fallas de su gobierno. Sectores conservadores del ejército conspiraron abiertamente para un cambio de régimen, al igual que corporaciones estadounidenses, como la Standard Oil de Nueva Jersey, que se opusieron a los esfuerzos del presidente por frenar el contrabando de petróleo desde la provincia de Salta a Bolivia, así como a la propia existencia de YPF. Yrigoyen, de setenta años, también fue mantenido al margen de la verdadera situación de la nación por sus asesores, quienes censuraron su acceso a las noticias sobre el impacto de la depresión mundial. El 24 de diciembre de ese año, sobrevivió a un intento de asesinato.
El 6 de septiembre de 1930, Yrigoyen fue depuesto en un golpe militar liderado por el general José Félix Uriburu. Este fue el primer golpe militar desde la adopción de la Constitución argentina. Tras el golpe de Estado, Enrique Pérez Colman, ministro de Hacienda del gabinete de Yrigoyen; el general Moscini, exdirector de YPF; el general Baldrich y varios diputados yrigoyenistas fueron arrestados por el gobierno provisional del general Uriburu.
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